miércoles cerca del mediodía
Finalmente ayer pude escribir dos carillas de la nueva novela. Pese a que el trabajo es errático y hasta caótico, estoy entusiasmado porque la escritura, cuando la encuentro, fluye. Por supuesto, arrecian als dudas, me saltan desde la computadora a la garganta, pero les hago frente. Hoy mientras venía para el trabajo pensaba que quizás mejor sería escribir en estilo picaresco... Pero no. Ahí se queda.
Se instala en mí algo que siempre había sospechado: lo difícil no es transitar el camino, sino elegirlo. Sé cómo ser consecuente, pero no termino de enamorarme de mis proyectos. ¿Por qué? ¿Porque son míos? Me gustaría amarlos hasta la locura, idolatrarlos, cegarlos con mi pasión. Pero creo que es tampoco es la forma. Hay que negociar permanentemente. No hay vuelta que darle.
La escritura es una negociación permanente.
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