Otra vez más
Parece que este viernes gira todo al rededor del mismo tema. Esoy leyendo mis mails y encuentro uno de un pibe que conocí hace poco y que me cayó realmente muy bien. Es coleccionista pero también es un buen lector. O sea, el tipo sabe leer, se sabe parar en el mundo y aparte se da cuenta cuando algo viene lleno de mierda como María Kodama peleándose por los derechos de los libros de Borges y esas cosas.
La cuestión es que, hablando de Borges, me amnda un hallazgo. Es un carta de Hidalgo, un poeta perdido de aquellas épocas que nostros no conocimos.
El texto es una joya. Lo pego en "Más..." No se lo pierdan.
MAS...
Querido Borges:
Voy a refrescarle la memoria.
Hace unos meses, varios, muchos, una noche, pasadas las 24, frente a la Confitería del Molino, Ud. tuvo un breve apuro. Quería acompañar a una amiga hasta su casa, en Villa No Sé Cuantos. El automóvil costaría, según sus calculos, 3 o 4 pesos. Como Ud. no tenía ninguno, yo le presté diez. De modo que Ud. pudo irse con la chica, solos los dos, y juntos, dentro del auto y bajo la noche. Y de seguro que no pasó nada. ¡Nunca pasa nada entre Ud. y una mujer!
Corrió cierto tiempo. Cierta vez en el Royal Keller, extrajo Ud. su cartera y de ella un billete, nuevecito, de diez pesos, con desánimo de dármelos. Eran para abonar la consumación. Pero me dijo:
-No tengo sino esto. El miércoles cobraré un artículo en "La Prensa".
-¡Hombre! -le respondí-, ¡Cuando usted pueda! ¡No faltaba más!
No volví a verlo. Desapareció de la tertulia y olvido la cuentecilla, no obstante de haber cobrado, de seguro, varios artículos en "La Prensa".
Ahora bien: desde hace algún tiempo, todo lo que usted escribe me parece malo, muy malo, cada vez peor.
¡Ud. con tanto talento, escribiendo puerilidades! ¡No puede ser! Temo que mi juicio adolezca de parcialidad, a causa de los diez pesos que me debe. Páguemelos, querido Borges. Quiero recobrar mi independencia. ¡Concédame el honor de volver a admirarlo!
Por otra parte, el dinero es sucio. Ud. y yo estamos por encima de él. Haga, pues, una cosa decente: vaya a una librería, compre unos libros por valor de diez pesos. Y me los manda por correo certificado. Los libros que, a su juicio, yo deba leer y los cuales -imagino- no serán los suyos. Nada más. Eso será suficiente para que pierda mi carácter, horrible, de acreedor.
Prensente mis respetos a su familia. A Ud. yo lo recuerdo constantemente. ¡Y no por la deuda!
Un estrujón de manos. A.H.
A. Hidalgo, del "Diario de mi sentimiento" (1922-1936). Edición del autor, 1937.
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¡Sin desperdicio! Me encantó el estilo de don Hidalgo amonestando a Borges. Gracias por compartir.
Conservado en captura 20050506
Que buena carta, es toda un lindo relato.
Conservado en captura 20050506