viernes más tarde
Más sobre la experiencia. Hace bastante ya, me cortaba el pelo en la peluquería de mi barrio que se llamaba Jíbaro´s. El peluquero era de izquierda y decía: "Todos de acá salen con la cabeza más chica".
Era bueno hablar con él hasta cierto punto. Sabía de psicoanálisis y contaba buenas anécdotas de su infancia, pero cuando hablaba de política todo se derrumbaba. Tenía un hijo de mi edad, quizás algo mayor, que tocaba el piano. No era mal pianista pero era muy desprolijo en la vida y eso terminaba saliendo cuando se sentaba a hacer música. Había leído algunos libros y se pasaba el día tocando el piano de pared que había en la peluquería y hablando con los clientes.
Un día le confesé que quería ser escritor. Yo tendría unos dieciséis años. Se me escapó.
"Entonces no vayas a la universidad -me dijo él-. Anda a la canacha, cagate a piñas, drogate. Eso es lo que tenés que hacer si querés ser escritor." Era un exaltado consejo en favor de la experiencia. ¿Intenté ese camino? Bueno, si pise el territorio que él demarcaba, no lo hice en forma programática sino más bien accidental.
Mis dos padres profesionales y trabajadores me hablaban de la universidad como la palanca que les había permitido a ellos, hijos de gente que no había nisiquiera terminado el secundairo, mover el mundo.
Algún tiempo después, el padre peluquero y su hijo pianista se fueron a España, y los perdí defintivamente de vista. Yo fui a la universidad y eso es otra historia.
Mientras estudiaba, conseguí una respuesta que anuló el exabrupto de "sexo, drogas y rock and roll" del hijo de mi peluquero.
Yo estaba molesto porque no lograba nada salvo leer. Leí con placer pero me sentía incómodo. Mi viejo me preguntó que me pasaba:"No sé, no logro escribir" le dije.
Con la simplicidad que lo caracteriza me respondió con una frase que todavía hoy recuerdo congratitud. "Para hacer cualquier cosa, hay que sentarse y hacerla, resolver eso es resolver el ochenta por ciento del problema".
Ese día me senté y escribí cinco carillas que después destruí, pero me había dado cuenta de que si quería escribir no tenía que estudiar ni drogarme, tenía que sentarme y aguantarme la ansiedad y la soledad y los errores y las desgracias, como un marinero agarrado al palo mayor en medio de una tormenta.
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No te acordas sobre de que eran esas cinco carillas?
Si no te acordas estaría bueno que pongas algún texto viejo(poesía lo que sea), aunque lo consideres una desgracia; ya que yo que tengo 16 años, no digo quiero ser escritor, pero simplemente me gusta escribir y leer, y quizás puedo hacer una mínima comparación.
atte
Conservado en captura 20050418
Estoy seguro que saldrías ganando porque lo mío era realmente malo.
Hasta los veintidós, no escribí nada, pero nada, digno de leerse.
Conservado en captura 20050418