Domingo a la noche
Escribo mientras Celia cocina. Fuimos al supermercado. En realidad, ella pasó por la oficina porque le habían quedado algunas cosas pendientes y no quería esperar hasta mañana y yo me di una vuelta por las librerías de Corrientes. Después tomamos un café en Polyteama y pese a que salía y a que estábamos muy bien hablando en el bar, salimos a la calle y a la lluvia y fuimos hasta el supermercado. Hicimos compras para quince días.
Cuando llegamos a la caja, Celia me dejó solo esperando y yo puede escuchar la música de fondo y mirar un poco a los cajeros que trabajaban. No había mucha gente pero esperé un rato. Dos o tres personas por caja, la cara de una mujer concentrada en un precio, el brillo del aluminio cromado.
Después llegó Celia. Ya habían cerrado y un guardia dejaba salir a la gente cerrando después la puerta. Afuera todavía llovía.
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