Domingo a la tarde

La tarde es fresca. No hay mucho para ver en la tele y estamos casi a oscuras en el departamento con las persianas cerradas.

Sin un por qué claro empiezo a recordar todos los papelones literarios que hice en mi vida. En otro momento -pienso- esa rememoración me aplastaría, pero un domingo de verano después de la lluvia, descansando, me predispone bien. Veamos.

Hablé en público muchas veces y la mayoría dije más bien cualquier cosa. No sé por qué. Seguramente atañé a mi parte histriónico-histérica. En la palabra escrita no vengo tan mal, pero si me sientan a una mesa y me ponen enfrente de un auditorio soy capaz de cualquier cosa. Supongo que lo hago porque, al final, el teatro tiene su cuota de diversión.

Di conferecias sobre la necesidad de los viajes, sobre literatura y mercado, discurrí, hace poco nomás, sobre música y literatura, me invitaron a mesas redondas de jóvenes autores y de poesía de diferente extracción. Sobre todas estas intervenciones tengo un sentimiento ambigüo.

También hice papelones cuando daba clases en la Facu, pero mi público cautivo, unos voluntariosos idiotas que se hacían llamar "alumnos", nunca se dio cuenta. Al final, todo resuelve en un problema de autoridad.

Porque al final les tengo cariño a mis apariciones absurdas donde haciéndome el convencido apoyo algunos de mis disparates inteectuales. También es verdad que hoy, que la tarde es fresca y estamos en casa descansando, cualquier verdura es potable.

Me amigo con Buenos Aires. ¿Cómo estás? Bien, bien, acá andamos. Tirando. Como siempre.
Una raya más al tigre... No es tan grave.





Posted by: Juan Terranova on Jan 30, 05 | 3:54 pm

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