Miércoles a la tarde

Hoy leí "Casa con diez pinos" de Fabían Casas y me gustó mucho. Realmente me sentí respresentado por esa escritura y eso no es poco. También estuve mirando "Oda", que me pareció casi tan bueno como "El Spleen de Boedo".

Ayer terminé "Autobiografía podrida" de Alejandro Rubio. Y hoy en Internet leí "Birmania", un poema largo que disfruté mucho.

La autobiografía es un texto contundente y muy legible, lleno de humor y con momentos intensos como la parte de "Por qué soy peronista" o la viñeta de "La columna espejada", una visita a la presentación de la revista Grumo en Belleza y Felicidad en la cual yo me encontraba presente. La lectura que hace de Leónidas Lamborghini también me gustó.

Cuando presenté El Ignorante, la única pregunta una vez terminadas las intervenciones la hizo él. Dijo algo así (repito de memoria): "¿Por qué tanto desprecio a los desaparecidos? Más allá de que nos hayan roto tanto las bolas... ¿No es algo liviano?"

Y yo, que ya venía un poco castigado, le respondí (esto sí me lo acuerdo textual): "Lo que pasa es que yo soy muy liviano." Silencio.

Después le regalé el libro y hasta pasó por casa cuando invité a todos los que estaban en el ex-ICI, los que tenían onda y los que no, a tomar algo a casa. Pero casi no hablamos.

Me hubiera gustado decirle que "liviano" me parecía una buena palabra para describir lo que yo había querido hacer. Liviano como la levedad de la que habla Calvino en sus "Seis propuestas para el próximo milenio".

Cavalcanti está en el cementerio, pensando y reflexionando sobre los tópicos poéticos más importantes. Lo viene a buscar unos brutos a caballo. Lo quieren fajar por hereje o algo así, y él les hace una burla en verso y, liviano, salta por arriba de una losa sepulcral.

Me hubiera gustadop usar la "levedad" de Alejandro Rubio para hacer incapié en esta "levedad". Pero no se lo dije porque ya me habían apaleado amigos y enemigos por ese librito que me costó tanto y con el que todavía no puedo entablar una buena relación de todo. (Y eso es contradictoriamente interesante.)

Hace poco Cristian Di Napolí me pasó el teléfono de Rubio y lo estuve llamando para decirle que me siento bastante identificado con algunas de sus posiciones, pero no atiende nadie. Hay un contestador. Como salido de su escritura me repite el número al que llamo insitiendo en que deje un mensaje. Parece una venganza por mi brutalidad. Lasitaución es extraña. Me hace sentir incómodo, pero también, en su liviano aire de tragedia, experimento el lado atractivo de una falta de comunicación que resulta paradójica.

Posted by: Juan Terranova on Dec 15, 04 | 5:45 pm

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