miércoles a la noche

Ayer fui al kinesiólogo por la lesión del hombro izquierdo. Me dolía, me sentía muy contracturado, así que saqué turno y al mediodía me atendió un cubano. Se llama Gilberto.

Indefectiblemente teníamos que hablar de algo. Al principio el tema fue la lesión, la terapia y mi impuntualidad. Todo muy comprensible. Después, enseguida salió el tema de Cuba.

Gilberto me contó con una resignación que todavía me sorprende que había estado dos años movilizado en Etiopía. De los diecinueve a los ceintiún años, cumpliendo el servicio militar obligatorio cubano, lo mandaron al África. Dos años. Dos años sin volver a su país, sin ver a su familia, en un país extraño. Ya era fisioterapéuta, y le habían prometido destino en una unidad médica, pero terminó en una de chohetes.

Le pregunté que hacían los días francos.
- Ahí no había franco, chico, qué va.
Cuando me describió las condiciones, casi me siento en la camilla para mirarlo a los ojos. Comían muy mal, dormían en barracas subterráneas, había marchas y contra marchas a la selva, no sólo de día sino también de madrugada, las enfermedades erna mal atendidas. Veinte días de barco para ir y veinte para volver.

- Chico, aquello no fue algo fácil- repetía.
Hacía dos meses que estaba en Buenos Aires y parecía contento. Me dijo que tenía dos hijos en Cuba. Me dio la impresión de ser un tipo trabajador, educado, los masajes me hicieron muy bien.

Me hubiera gustado saber qué pensaba de los conflictos sociales argentinos, de los piqueteros y esas cosas. Pero no me animé a preguntarle.
Vayan a hablarle de Marx a este tipo. Cuentenlé que quieren hacer la revolución para que haya igual y una distribución de la riqueza equitativa. Vayan, a ver qué les dice.

Ayer a la noche, cuando nos acostamos hacía calor. Nos dormimos después de ver un poco de tele y cuando ya habíamos apagado la luz hace un rato, sentimos una explosión. Fuerte, un estampido seco. Celia se asustó mucho. Teníamos la ventana abierta de par en par.
"Bueno - pensé yo después del sobresalto-, algún vecino hijo de puta, borracho y pasado de pasta, se acaba de meter un tiro en la cabeza".

Pero no. Era pirotécnia adelantada para fin de año. La sirenas que esperaba Celia no llegaron. En su lugar sentimos algunos estruendos más, menores, alejados. Nos costó un poco volver a dormirnos. Insisto, hacía mucho calor.

Posted by: Juan Terranova on Dec 01, 04 | 11:22 pm

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