Jueves más tarde
Estoy cansado. Es uno de esos cansancios conocidos pero a los que uno nunca se resigna con facilidad.
Ya hiciste eso cinco veces, ya lo volviste a hacer una vez más, y ahora no sabés dónde estás parado y las cosas que en general te causan placer te resultan irritantes.
Uno no tiene ganas de nada. Y encima hace calor. Cuando uno está cansado también está vacío de entusiasmo. Toda perspectiva parece mal.
Es un cansancio de ciudad. Uno nunca se cansa de esta manera cuando nada o corre o sale a caminar entre árboles o arma una carpa para dormir la siesta protegido del solo o los mosquitos o simplemente hace un asado o va a la playa.
Aparte, tengo uan contractura en la espalda que me molesta y hasta me duele. Eso no ayuda. Pero no pierdo el humor. Quiero decir, quizás me vuelva un poco más cruel, o quisuilloso, pero nunca con la gente que quiero o con amigos a los que respeto.
¿Cómo es esa crueldad? Bueno, dejenme decir que no tolero a los inútiles cuando estoy con este cansancio de ciudad. Ni a los inútiles ni a la gente amargada ni mucho menos tengo paciencia para la gente que se queja.
En todo caso, escribir acá me hace bien. Será, entonces, como dice mi madre, esta es mi terapia. Igual me resisto. Es demasiado fácil. Y las cosas nunca son tan fáciles.
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