Lunes a la noche

Hoy después del trabajo me fui hasta Eloisa Cartonera a verlo a Cristian. Le llevé el manuscrito del texto que leyó en la presentación del libro. Yo se lo había pedido el mismo lunes y quería devolvérselo.

Estaba Cucurto al comando de la empresa de los cartones, y estaban cortando y pegando. Bien. La ciudad, aparte, vivía un primer día de verano. Buenos Aires, ustedes saben.

Además, compré algunos libros que quería tener desde hace mucho (Sobre todo algunos de Sarita Cartonera, la versión peruana de Eloisa). Cristian me regaló “Palitos de agua”, una serie de poemas breves, y Cucurto, que hace poco estuvo en Alemania me obsequió un edición rarísima titulada “Die Maschine, die kliene paraguayerinnen macht” que no es otra cosa que “La máquina de hacer paraguayitos” traducida al alemán.

Hablamos de muchas cosas en Eloisa. En el trabajo la contractura me hacía doler la cabeza, pero ahí ni la sentí.

Cuando la llamé a Celia desde un teléfono público para ver qué hacíamos me dijo que mi viejo estaba internado. Había vuelto de Jujuy y ahora estaba en el hospital. Le pedí que se tomara un taxi desde casa y yo la esperé leyendo en la cartonería “El Pianista” de Ricardo Piglia, un cuento realmente malo.

Cuando llegó, saludamos y nos volvimos a meter en un taxi. “Parece que tu viejo tuvo un infarto” me dijo Celia. Me lo dijo de una manera tan suave que no me preocupé. “Hablé por teléfono con él, está bien, se lo sentía bien, me dijo que está en la clínica donde naciste vos, me lo dijo él y tu mamá”.

Yo nací en la clínica Los Andes, enfrente del Cid Campeador. Ahora es parte del CeFran, nuestra prepaga. Diferente nombre, el mismo edificio. (No pregunten por qué tenemos la obra social del Hospital Francés y no la del Italiano, porque no sé.)

“¿Clínica Los Andes?-dijo el taxista- Ah, sí ya sé. En el Cid, pero hace por lo menos quince años que no se llama así.”

Cuando llegamos estaba mi vieja en la hall, esperando que habilitarán el pasó a terapia intensiva. Tenía la ropa de mi viejo en una bolsa de plástico negro. Nos explicó que había tenido un infarto el sábado, que venía teniendo molestias desde el viernes, que el domingo habían ido a la quebrada de Humahuaca, que la había acompañado al congreso...

Simplemente, no se dieron cuenta. Hoy a la mañana fue al cardiólogo y el tipo le dijo: “Voy a llamar una ambulancia porque usted está teniendo un infarto”.

Llegó mi tía Rosa, habilitaron el ingreso y pasamos de uno a verlo. Después de mi vieja entré yo. Me hicerón lavarme las manos con un gel de alcohol y lo vi en el fondo, sentado en una cama. ¿Qué fue lo primero que me dijo mi viejo cuando me vio? “Acá naciste vos.”

Estaba bien. Se lo veía bien, Tenía cables con censores en el pecho y le estaban dando suero, pero se lo veía bien. Hablamos un poco, le pregunté si le dolía, me contó un poco lo que había pasado y después, simplemente, me quebré. Empecé a sentir que los ojos se me llenaban de lágrimas. Nos quedamos callados. Yo lloraba y el esperaba que yo terminara de llorar. Cuando pude, retomamos el diálogo. Me sentí un terrible imbécil. Hablamos algo más, me dijo que tenía para dos días de monitoreo y nos despedimos con un beso.

Después pasó mi tía, y yo me senté en la escalera con Celia. Ahora estamos en el departamento de mis viejos y vamos a comer algo. En un momento empecé a pensar que tenía que venir a escribir esto acá.

Posted by: Juan Terranova on Nov 01, 04 | 9:58 pm

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