Martes a la tarde
Lo mejor fue caminar hasta la oficina donde agarré el manuscrito y después irme, también a pie, hasta la editorial, donde me trataron muy bien.
Si en la editorial te tratan mal (a veces pasa), es una mierda. Aunque uno trate de relativizarlo, a veces el estado de ánimo cambia y no hay vuelta atrás.
En el camino de vuelta, paré en cualqueir lugar a tomar un café y miré por la ventana mientras leía una monogfrafía de Celia realmente muy buena.
Un amiga que se fue a hacer el doctorado a Rio de Janeiro quiere traducir a Carvalho (novelista que no leí) y pretende que le consiga editor acá, en Buenos Aires. Supongo que puedo hacerlo.
Ahora estoy haciendo un poco de tiempo.
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