Lectura y pereza
Después de leer a Borges y a sus comentaristas (quizás el más interesante de ellos sea Piglia), la impresión que me queda es muy clara: hay que saber leer. En aprender a leer está la clave, la lectura como la operiación más sofisticada, etc.
(Los teóricos de la literatura y la cultura me dan la misma sensación.)
Sin embargo, uno puede ser un buen lector, incluso un excelente lector, un lector excepcional. Y así y todo no ser nada.
Cuando el excelente lector choca contra imposiciones materiales como la pereza, por ejemplo, la situación se transforma rotundamente.
No quiero simplificar el asunto. Y pese a todo, cada vez lo creo con una convicción más rotunda, una convicción que incluso me avergüenza. Escribir es un oficio que se hace con las manos. Yo no mandaría a los escritores (o a los aspirantes a escritores) a hacer un servicio militar obligatorio a una carpintería, pero sí estoy seguro que ciertas valoraciones sobre lo que es leer y escribir son tergiversadas a menudo.
De allí que muchos lean muy mal y muy pocos sean los que realmente puedan escribir.
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