Anotación vieja

Busco una historia que contar. Abro el diario. Bruno Cossolo tiene 50 años de edad y vive en un departamento de la avenida Veinte de Setiembre en la ciudad italiana de Trieste. Trabaja como ingeniero técnico en una compañía de teléfonos y suele frecuentar los bares del puerto buscando marineros. El martes 4 de abril conoce a tres jóvenes cadetes de la marina mercante egipcia, desembarcados el lunes del Ikhanton, un buque de carga cuyo último puerto había sido Alejandría siete días atrás. Bruno los invita a su casa y les propone ver videos de porno gay. (Más tarde la policía encontraría en ese mismo living más de doscientos videocasetes escrupulosamente ordenados entre los cuales había películas de industria y filmaciones caseras.) Mientras enciende el televisor, el técnico italiano pone en marcha una cámara. Sin saberlo, Bruno Cossolo registra su propia muerte. El video muestra a dos de los egipcios retirándose del campo de filmación. El tercero le practica sexo oral a Cossolo. Entonces se escuchan ruidos. Los egipcios revuelven fuera del cuadro los cajones de la cocina. Vemos la cara preocupada del italiano. De golpe, los marineros entran y lo acuchillan. Gritos, sangre a borbotones, maldiciones del tercer egipcio que en la confusión recibe una puñalada en la mano. Bruno Cossolo queda tendido en el suelo, abandonado en un charco de sangre. Los asesinos huyen dejando las armas homicidas en el departamento. Un vecina llama a la policía que encuentra el cuerpo, la televisión encendida y la cámara aún funcionando. Los asesinos son detenidos empapados en sangre. El juez los destina a tres prisiones distintas, Trieste, Udine y Tolmezzo, para interrogarlos y después confrontar las versiones. Algunos medios lanzan la hipótesis de un acto fundamentalista. Los musulmanes consideran la homosexualidad un pecado mortal. Pero los asesinos declaran que haber estado tomando cerveza en el bar donde conocieron al italiano y el alcohol está rigurosamente prohibido para los islámicos. El asesinato es tan arbitrario como salvaje. La policía teme que comiencen a circular versiones pirata del video pero no puede destruirlo por ser la más contundente prueba del delito. ¿Cuál fue el motivo del crimen? No hay un por qué. Y eso es fascinante.

Posted by: Juan Terranova on Apr 28, 04 | 3:59 pm

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