Los restos mortales de Manuel P.

Hoy leo en el Página un buen ejemplo de la fagocitación de pactica cierta parte de la crítica literaria. Las hilachas de Manuel Puig, revueltas, puestas en orden, con planes de publicación, se le extrae la última sangre al escritor de éxito. Todo con la etiqueta del rigor.
La investigadora, una tal Goldchulk de La Plata, tiene una voz que suena a chillona, que suena a naftalina, una mezcla tétrica de periodista de chimentos y científica delirante. ¿No tenemos ya los libros de Puig, que ya son los suficientemete complejos y fascinantes, como para ir a escarbar en los papeles que dejo? Resignación a que el sistema es necrófilo, supongo. La crítica literaria como una extensión del INCUCAI. Si hay algo sano, se puede reciclar. Y si no, tenemos la tecnología, podemos reconstruirlo. Irse hasta el pasado para poder hacerse un lugar en el presente. Un asco.

La pregunta es: ¿Voy a resistir el impulso de comprar el libro cuando salga? Lo más probable es que lo compre. Y después que lo lea a medias, para finalmente volver a las novelas de Puig, que están muy bien, o, insito, adquirir una novedad, y dejar los viajes en la máquina del tiempo parchada para ciertas tardes de domingo en que uno es débil y torpe.

Posted by: Juan Terranova on Mar 10, 04 | 12:06 pm

[26] comentarios (307 views) |  [0] Trackbacks   [0] Pingbacks