domingo a la noche
Una frase en uno de los diarios viejos que estuve buscando me llama la atención profundamente y no llego a saber por qué: “Lo lanzallamas se quemaban los labios”.
Afuera el ruido de los aires acondicionados baratos es terrible, como música burda y repetitiva.
¿Por qué encuentro tanta potencia en esa frase? No se trata de un sentimiento superfluo ni mucho menos. Me da fuerza para seguir, me hace volver a creer en la literatura. Una exageración, sin duda. Y sin embargo...
Vamos con Celia a tomar un café con leche a una bar de la zona de Retiro, que es nuestra zona, y leemos los diarios. Después compramos un disco, la música de la última película de Tarantino, y el primer tem no se escucha bien. Bajo a cambiarlo y cuando vuelvo con el reemplazo el problema persiste. Eso me arruina parcialmente el domingo. Y la música no son las canciones que esperamos. Pero así y todo algo hay, si se hace un esfuerzo.
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