viernes 16:09

Ayer nos levantamos a eso de las dos de la tarde. No habíamos acostado a las cinco de la mañana. Nos levantamos entonces y nos pasó a buscar mi viejo. Fuimos en auto hasta Ramos Mejía a visitar a mi abuela. En el trayecto, charlamos sobre el libro de Alfredo Genovese, el del fileteado porteño. Celia iba en el asiento de atrás, asintiendo y riéndose. Mi abuela había amasado una sola pizza y una pastaflora. Después, nos mostró una cantidad importante de zapatos. El derecho con una suela de dos centímetros más, por que es medio chueca. Todos los zapatos que nos mostró le quedaban chicos. Se probó mis zapatillas y las chancletas de Celia. Fue divertido, aunque ella siempre estaba seria. Después, hablamos de nuestro árbol genealógico, de Italia, de mi abuelo, de mis tios abuelos que estuvieron en Abisina, única colonia italiana en el siglo XX. Revisitamos una vez más la historia familiar. Mi tatarabuelo párroco, mis tatarabuelas albanesas. Nunca me voy a animar a escribir esa historia. La conozco, pero no escribo lo suficientemente bien como para quedar conforme. Reducir todo esos recuerdos de gente que existió y sufrió y fue feliz a literatura... Me resultaría intolerable en mi prosa de cortador de boletos de circo.
Después fuimos a visitar a Doña Josefa, la madre de mi tío Chiche, napolitanos, ahí, a una cuadra justa de la casa de mi abuela. Fue una linda tarde.
Celia la pasó bien, estaba contenta. Le gustan las viejas. Y éstas, las que yo le presentaba, la conmovieron con sus sonrisas, su espontaneidad y sus cocoliche, mezcla de dialecto del sur de Italia y con dialecto del Rio de la plata.






Posted by: Juan Terranova on Dec 26, 03 | 4:09 pm

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