miércoles a la noche

Hoy, otro día bueno. Me levanté y nos fuimos a nadar. Celia me acompañó. Todavía no se le nota la panza pero me dijo que el traje de baño le iba cada vez más ajustado. Esta vez sentí la lesión, un punto de dolor abajo del homóplato izquierdo. Igual es bueno nadar, sentir como se tonifican los músuculos, aguantar la respiración, moverse venciendo la resistencia del agua.

Comimos en el mismo lugar de siempre. Celia se fue a trabajar y aunque estaba cansado pasé por el Ateneo de Florida pero no compré nada. Después, casi contra mi voluntad caminé hasta Corrientes buscando un libro de Richard Yates. Cuando lo conseguí, pensé que podría tomar un café. La Giralda estaba llena de gente y me fui, dudando, hasta El Faro, en la esquina de Talcahuano. El Faro o El Foro, no recuerdo.

Para volver, me hubiera subido a un taxi de buena gana. Pero pensé que lo podía hacer si lo hacía despacio. Volví dando "un paso por vez" como dice el Tao. Llegué a casa y dormí la siesta y después prendí la computadora y leí y escribí un poco, para no sentir culpa.

Cuando se hizo la hora, me encontré con unos amigos para intercambiar discos. Tengo un amigo que me presta libros. No es que yo le pida que me los preste, él me los presta espontáneamente. Yo los leo y se los devuelvo. Es algo grandioso. Hoy, aparte de los discos también me llevó un libro. Y es uno de esos libros que se lee con placer.

Más tarde, fuimos a cenar y comimos pescado y tomamos vino blanco y hablamos de economía y de la necesidad de cerrar las carreras de humanidades.

La lista es la que sigue: Letras, filosofía, sociología, antropología, ciencias políticas, ciencias de la educación, ciencias de la comunicación (yo tuve un jefe una vez que me dijo: si le tiene que poner ciencia al nombre de la carrera, hay que desconfiar). Creo que me olvidó alguna.

Cerrarlas. No hay mucho más que pensar.

Cuando estábamos en la calle, despidiéndonos se nos acercó un hombre de unos treinta años y nos pidió monedas. Leandro le dio diez centavos, yo le hubiera dado un recto al mentón. Era flaco y desgabado pero no parecía tener problemas físicos.

Después caminé hasta Corrientes y esperé el colectivo. Cuando llegó, pensé: "Dios mío, como voy a extrañar el verano".

Posted by: Juan Terranova on Feb 17, 05 | 12:11 am

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Terranova,

Lo que acaba de escribir es prosa invencible. Siga así. Nosotros contentos y agradecidos.

Atte


Escrito por: Obelix on Feb 17, 05 | 9:26 am

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