El verano es una cosa extraña
- Bueno, creo que me puedo ir a acostar dijo Celia y se metió en la cama.
Mis sobrinos se fueron apenas hace un rato en un taxi que les llamamos. Llegamos a Retiro a eso de las seis y media, tomamos algo en casa y después ello se fueron y nosotros terminamos de desayunar y nos pegamos un baño.
Celia se acostó, yo me acósté pero apenas pude dormir media hora. Tuve la necesidad de levantarme. Hacía calor. Saqué un libro de la biblioteca. Un edición vieja de los mejores cuentos de Hemingway comprada en Montevideo, en un puesto en la calle, por la sola necesidad de comprar un libro en Montevideo. No fue por casualidad. Nunca es por casualidad.
Tengo una libreta de notas para este blog, tomadas con cuidado durante todo el viaje. Pero me da pereza pasarlas. Igual sé que lo voy a terminar haciendo porque pasar notas es algo que me gusta hacer, pero ahora me da pereza empezar.
Pasé por el baño y después me dije a mí mismo que hoy a la noche es navidad, y que estoy disfrutando de una mañana de verano. Ya son las diez y vuelvo a pensar: "El verano es muy extraño". Por eso escribo. Extraño sí, pero también muy reconfortante.
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