Jueves a la noche
Se casó Leandro Godón. Civil y almuerzo con familiares y amigos. La pasé muy bien. Sé que Celia también lo disfrutó. El ambiente era cómodo y se festejó la unión de algo que ya estaba unido.
Porque, dejemos los prejucios de lado, uno ya no se casa para probar a ver cómo va la cosa. Hoy los que se casan ya están unidos. Seguro que ya viven juntos, seguro que ya se conocerion en el sentido bíblico, son pareja más allá de Buenos Aires, más allá de Cristo, más allá de todo lo que los rodea. Y eso es sagrado. Por lo menos para mí lo es.
Por supuesto, nunca falta el Goofy que dice que descree de las instituciones burgesas, etc. Que se joda. No entiende. Hay que celebrar la unión. Es tan básico como levantarse a la mañana o hacer un regalo para un cumpleaños.
¿Pero cuándo festejamos en estos tiempos en que los casamientos se dan de a poco en la vida cotidiana, cuando uno se empieza a quedar a dormir en la casa de la novia, cuando uno recibe ayuda y la da, cuando imperceptiblemente el otro se nos va haciendo indispensable?
Para eso está el casamiento, por civil, por iglesia, como lo quieras. Es la manera, el uso de estos tiempos para festejar, no para confirmar o prometer algo que ya se viene haciendo todos los días la pareja que se casa, sino solamente para festejar.
Ver a la tía, al amigo que se había distanciado. Festejar. Así de simple.
Brindo entonces por el amor y por el encuentro del sábado, en Zárate.
Y brindo también por lo novios.
Salud.
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