Pequeña crónica de la mesa de ayer
Antes de que el asunto empezara tomamos un café en la puerta de Gandhi y estuvo bueno. Charlamos con Martín, con Juan Vallejos, con Lafosse de música, distendidos y contentos de habernos juntado. De Radio head a Robbie William, todo muy bien.
Fue, de lejos, lo mejor del evento. Después subimos y poca gente, la mayoría fieles amigos que se acercaron a tomar algo.
Yo leí mi texto. Que adjunto más abajo. Me gustó escribirlo. Me gustó leerlo, aunque creo que lo hice bien, creo, porque me sentí un poco incómodo. Capaz que intuía lo que se venía.
Diego Fischerman, que ya había hecho algún gesto boludo cuando yo dije mi metáfora sobre Guetz, empezó hablando de su libro y de cómo funciona la crítica musical. Esto fue un error. Lo pagamos todos.
¿Por qué? Porque pese que Pujol fue prolijo en lo suyo (sí había escrito algo, y admitió que el punk lo aburre pero algunos libros sobre punk lo divierten) y criticó lo de “Música y literatura” así, tan liviano, lo que siguió fue toda una discusión muy pobre sobre el rol de la crítica, no la de la música, no la de arte, no la de literatura, sino de la crítica en general.
Fischerman es un tipo sin onda, sin sangre. Quizás no sea un amargo, quizás sea inteligente, pero sí es un frígido. Dijo cosas completamente abusivas e idiotas como “Consumir música no implica escuchar música” o “no todos pueden hablar o escribir sobre música”.
Fischerman es un gordito cuyas manos, mínimas, parecen de juguete. Seguro que siempre iba al arco.
Abierto el debate, hubo un viejo que, canoso y pañuelo al cuello, habló muchísimo y cito a Goethe sin decir nada.
Después Juan Vallejos intentó ponerle un poco de onda al asunto pero estuvo muy educado y los tipos querían hablar, y hablaron y ya llegábamos a la hora y media del problema de la crítica y yo estaba muy aburrido. Que la cumbia villera de acá, que se escucha en los countrys, que mi diariero sabe mucho más de jazz que Bunge y que Born.
Emiliano me dijo ya en la calle: "Estos pibes son unos desubicados, hablaban como si estuvieran en la Columbia University para cinco pelagatos que fueron a Gandhi porque no tenían nada que hacer, muy triste". Concuerdo.
Si tu viejo es zapatero, zarpale la lata.
Si lo encontrás a Fischerman por la calle, no le hagas una pregunta sobre el rol de la crítica en la música porque es posible que atente contra tu entidad física y mental con una parrafada inútil e insulsa.
Insito, lo mejor fue que Martín me llevó “París no se acaba nunca” de Vilas Matas y yo, agradecido de encontrarme un poco con mi amigos.
1. Música y literatura
¿Qué relaciones podemos hacer entre música y literatura?
Más allá de las metáforas, felices o infelices, que se pueden escuchar a diario como:
Un relato liviano y preciso como el fraseo de Charly Parker.
Una prosa sensual y delicada que recuerda el swing intelectual de Paul Desmond.
Era poeta es un gritón y sentencioso, y como aparte es medio grasa, suena como Stan Getz.
Más allá de estas comparaciones, me gustaría introducir otra relación entre música y literatura. Creo que un gran punto de contacto, bastante olvidado, es la versión. La posibilidad de que algo tenga más de una versión.
Las teorías de Harold Bloom, entonces, funciona bien para la literatura y para la música.
Rápido y mal, la idea de Bloom es que para escribir tenemos que atentar contra nuestro padre literario. Al mismo tiempo que él nos conforma, nos preexiste y nos guía, si queremos si queremos producir un hecho estético significativo, tenemos que lograr hacer una lectura fuerte de esa obra anterior.
O sea, hacer una versión que al mismo tiempo injurie y rinda homenaje.
Pese a que Harold Bloom no habla de música, creo que la gente que hace música tiene una idea más acabada de los potenciales de la versión. Quizás porque mientras los escritores se inician leyendo cosas de otros, los músicos se inician tocando música de otros. Es una gran diferencia.
Así, el arte de versionar aparece tanto en la capacidad que tenemos de abordar de una manera novedosa un historia conocida o tocar una Barcarola de Fauré.
Se dice: “Está es la mejor versión de Stardust que escuché” o “Los pibes chorros son la versión argentina del hip hop”.
Y menos, pero se dice, escuchamos: “El payador de Lugones es nuestra versión matizada y vernácula del protofacismo europeo”.
En la música, encontramos lecturas y relecturas muy fuertes. Por ejemplo, el homenaje de Frank Zappa a Eric Dolphy The Eric Dolphy Memorial Barbecue (algo así como Asado en homenaje a Eric Dolphy) en “Las comadrejas rasgaron mi carne”.
O la versión de Bésame Mucho de Nat King Cole.
O el último disco de Molotov, por ejemplo, que es una serie de lecturas fuertes sobre temas viejos o clásico de los ritmos más variados. Cuando cambian el título de una vieja canción que dice: “Creo que mamá se está volviendo loca” a “Creo que mamar te está volviendo loca”, la operación es, sin duda, una lectura fuerte.
El tango, como música viva que es, está pasando en la actualidad por un interesante período de recomposición.
Si las versiones de grandes tangos orquestales por Troilo y Grela marcaban un hito en la historia de la combinación guitarra-bandoneón, el tango chill out que empezó a aparecer después del 2000 y el tango neo punk de la Fernández Fierro, por poner dos ejemplos, nos afirman claramente que versionar sigue siendo interesante.
2. La crítica
Ahora bien, creo que el punto de contacto más fuerte entre la esfera de la música y la esfera de la literatura se da en la crítica.
Si nunca ejercí la crítica musical es porque no tuve oportunidad (o sea, a nadie se le ocurrió pagarme por escuchar mis opiniones), pero la crítica de música siempre me intereso. En mi blog, www.juanterranova.com.ar, por ejemplo, siempre escribo sobre lo que estoy escuchando o sobre músicas que fui a ver.
Mi primera relación con la crítica de música fue muy temprana. Fanzines Punk del Parque Rivadavia. Parque Rivadavia era y es un lugar de mucha música, donde al lado de las revistas sobre rock podés encontrar números viejos de la Cerdos y peces o la revista Humor. En una época en mi casa se compraba la revista Clásica, y obvio yo la leía. También compraba la Rock en blanco y negro, las revistitas que traían los cifrados para tocar con la guitarra. La revista Musiquero, que traía riffs, tablaturas y entrevistas.
Y leía por supuesto, los suplementos de los diarios. Todavía los leo.
Cuando uno escucha una melodía o toca un solo de batería, lo que se juega más que nada es el cuerpo. La música apela directamente al cuerpo.
Sin embargo, cuando cuenta esa experiencia, inmediatamente aparecen los mecanismos narrativos.
Y esto no se circunscribe sólo al ámbito de la crítica. Las autobiografías de los músicos, son un buen ejemplo. Cuando uno lee la autobiografía de Charles Mingus, a uno le dan ganas de tocar el contrabajo y ser negro para después poder contar todo lo que le pasó.
La crónica de un concierto, la de la grabación de un disco, la descripción de una gira, la historia de un solista, son todos relatos que me interesaron siempre.
3. Corta autobiografía.
Mi vida está travesada con mucha fuerza por la música.
Mi hermano en violinista profesional, mi viejo toca, bastante primitivamente, pero toca la guitarra, mi abuelo era un melómano consumado.
Cuando yo tenía quince años y mi hermano doce, apareció la primera guitarra en casa, prestada por unos tíos. Mi viejo entonces nos enseñó los primeros acordes para tocar canciones de los Beatles.
Pero antes nosotros ya consumíamos música como parte de nuestra educación sentimental y social. Desde el concierto de rock barrial al Colón (gran descubrimiento) a escuhcar Cuadros en una exposición de Mussorgsky o en salida familiar a ver una ópera de Shostakovich.
Cuando yo estaba en el secundario, si conocías a alguien, una de las primeras cosas que le preguntabas era qué música escuchás, antes de qué escritores seguís. Eso es algo que pasa y va a seguir pasando.
Cuando a principios de los noventas y muy pegado al jazz, descubrimos a Piazzolla, fue impresionante. Mi abuelo, que a Piazzolla no lo podía ni ver, se volvió nuestro ídolo.
Nunca abandonamos nuestro gusto por Vox Dei, pero empezamos a escuchar a Leopoldo Federico.
Entonces, la cosa era (y de alguna manera lo sigue siendo) desde los Ramones (los vimos la primeras vez que tocaron en Argentina y mi hermano todavía tiene la entrada) hasta a Antonio Agri (me acuerdo que vinimos un miércoles a la noche a escucharlo al teatro del pueblo, yo había faltado a la facultad, en el público éramos cuarenta viejos entusiastas, mi hermano y yo).
4. Actualidad. Generación.
Por todo esto, en un momento dije “Bueno, tengo que escribir algo sobre el tango, sobre cómo se vive el tango hoy”.
Así que escribí El bailarín de tango que es una novela sobre el tango de hoy.
Un poco para responderle a los salames como Julio Nudler que dice que el tango que se puede escuchar y vivir se terminó hace cuarenta años.
(Nudler es bastante idiota en este sentido, y con esa cosa entre nostálgica y desinformada me irrita un poco. Jorge Götling en este sentido es mucho más inteligente, y lo leo con más placer.)
Hay otros materiales en la novela, otras obsesiones mías, como el discurso narrativo de los medios de comunicación y la voz de la mujer. Pero sobre todo creo que en el libro está la Buenos Aires de hoy y el circuito del tango de hoy.
Y eso hace que el libro que escribí me guste mucho.
En la actualidad como dije, hay mucha música en Buenos Aires, música nueva y música vieja en nuevas y apasionantes versiones. Y eso es algo que uno siempre agradece.
Para terminar me gustaría decir que cada vez me convenzo más de que no hay música buena y música mala. Sí, por supuesto, hay música. Y hay usos y consumos de esa música.
Hace unos años leí en una revista perdida una crónica de un pibe de unos veinte años que se va a la costa, creo que era Villa Gesell, con la novia, con la madre de la novia y con el novio de la madre de la novia.
Es una crónica muy intensa del viaje, porque los viajeros no se conocen, porque está toda esa tensión sexual, y esa idea de una “familia” medio freak que se va de vacaciones.
Sin embargo, hay un momento en que las mujeres se duermen en el asiento de atrás. Y nuestro narrador se sienta al lado del novio de la madre. Empiezan a charlar. Es de noche. Van por la ruta dos. El narrador está nervioso. Y entonces el novio de la madre, sin sacar los ojos de la ruta, le dice:
— Che, ¿te molesta si pongo un poco de música?
— No, dale— le dice el pibe.
Y el tipo pone Roberto Carlos.
La sorpresa del narrador es que la música, esa música, no otra, esa, es perfecta para la situación. Y se entrega a disfrutarla. A la situación y a la música.
Creo que la moraleja es clara: no hay música buena ni mala, hay situaciones y cada situación tiene su música.
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Reconozco que miro ciertos blogs porque me dan cierto asombro, inocente. Aunque no se desde cuando, he acabado por resignarme a ver las, digamos, fatigas, de los intelectuales como con una vision brumosa, al modo que se recuerda un suenio. Reconozco que he sido un intelectual guanabi; y sincero.
Cuando era adolescente me gustaba la musica y me importaba la letra. Descifrar que una letra era estupida me arruinaba una buena melodía.
Tiempo después acabe por tolerar letras estupidas, a condicion que no sean tan literales, con cierta, digamos, buena ambigüedad artistica, por ejemplo: “… el nunca avanza, camina de costado, el tiene miedo a su mente…”
Pero eso tambien se me paso. La verdad es que ahora acepto la musica como algo corporal, mas primario que el lenguaje. Y la letra no me interesa. Ahora mismo escucho una cancion que todo lo que dice es “me mata el limon”. Es de unos tipos que yo iba a ver a un teatro que se llamaba Bambalinas cuando tenia quince anios. En realidad, entonces no me gustaban. Yo iba porque otros pibes mas importantes que yo iban. Habia humo, poca gente y a veces habia que salir corriendo porque no terminaba bien. Ahora, que ya no voy mas, la cancion me parece bien.
La verdad es que cualquier letra me parece bien mientras no interfiera con el ritmo. No me importa que sean estupidas, me gustan igual. Y si no hay letra mejor. Escucho el bandoneon de Piazzolla con el violin de Agri y no creo que nada con letra me pueda parecer mejor.
Tengo un respeto casi religioso por Boris Vian porque a una chica que me gustaba y que me dejo le gustaba Boris Vian. Vian decia que lo unico realmente importante en el mundo era la musica de Duke Ellington y hacer el amor con mujeres hermosas.
Al igual que los demas, yo tambien me he convencido que ese triste escepticismo no esta en mi.
Conservado en captura 20050416
Terranova cumple y dignifica! Yo pedía crónica del encuentro, y acá la tengo. Gracias, Juan.
Conservado en captura 20050416
Con respecto a lo que dice Pujol de que escuchar punk lo aburre pero leer sobre punk puede ser divertido, me pasa algo así con el hardcore. Igualmente, hace un tiempo que estoy embarcado en una revalorización personal del punk y asombrado de cuán distintos (re)suenan muchos discos viejos hoy.
Acabemos con eso de que los músicos punk tocan mal. El virtuosismo no consiste sólo en mover rápido los dedos.
Conservado en captura 20050416
Pero claro. Che, ahora en serio, ¿de verdad no somos parientes? Tanta coincidencia, entonces...
Conservado en captura 20050416
Coincido con la crónica del evento y con la crítica de Fischerman, salvo en lo que se refiere a su aspecto físico, sobre el cual prefiero no hacer comentarios. Yo estaba esperando que se hablara más de sentimientos que de crítica, y su texto, Terranova, cumplía con mis expectativas, pero de seguro hubiera sonado mucho mejor si mientras lo leía no sostenía con la mano su cabeza.
Me hubiera gustado, por otro lado, ver más de esa bronca, o esa crítica, durante la charla misma. Reconozco que no era una contienda justa: dos críticos de música frente a un escritor.
Por mi parte, no pude haber hecho demasiado. Tuve que salir de la sala debido a un sorpresivo ataque de tos.
Conservado en captura 20050416
Amapola, cariño, la cabeza me pesaba. La tengo llenas de ideas que se resisten a salir. (O de aserrín que se hincha con la humedad, diría mi abuela.)
A mí también me hubiera gustado ver esa bronca, pero después de la catarsis de El Ignorante, estoy más bien tontamente cordial.
En cuanto a la tos, creo, fue oportuna.
Conservado en captura 20050416
Casi me sabe mal no haber estado allí, quizá las conversaciones sobre música no hubieran satisfecho mis anormales preferencias musicales (a no ser que Rick Price y Jorn Lande aparecieran en ellas), pero Juanito lo cuenta todo con tanta pasión y con ese toque bohemio, que parece una vida plácida y muy sugerente. Ingenius quiere ser argentino.
Conservado en captura 20050416