Martes a la tarde

Ayer, gran discusión en cena con mis viejos. Mi hermano, Celia, yo y ellos.

La cosa empieza cuando mi vieja señala que Fede salió a tocar con una remera que decía "Liberen a Castells".

Ese fue el punto de partida para que, sin prescindir de gritos y exabruptos, se discutiera el papel del los oprimidos y marginales en nuestra sociedad, el troskismo federalista y trasnochado de mi hermano (aprendido sin abrir un sólo libro), mi kirchnerismo (al cual mi hermano atacó tildandome de nazi) y distintos ejemplos exitosos de cooperativismo en la Buenso Aires de hoy.

Fue lo que se dice, una cena entretenida.

Mi viejo que se mantuvo al margen por bastante tiempo, al final, dijo lo que dice siempre: "La gente lo único que quiere es trabajar".

La gran pregunta era si Castells era o no un preso político. Mi hermano, haciendo gala de una ignorancia perfecta de los mecanismos más simples de la política y acusando una asimilación perfecta del discurso de los medios, dijo que, "para empezar, Castells no es un político".

No contento con eso, dijo enseguida lo único que me importó de la noche, porque tenía, en parte, razón. "A vos te quemó la cabeza la facultad."

Acá paró de contar. Sí, es verdad la facultad me quemó la cabeza. Digamos, para ponerlo un poco más refinadamente, me modificó. Operó en mí de una manera notable.

Ahora bien, ¿cómo era yo antes de entrar en la facultad? Es una pregunta tan inválida como la fantasía de qué hubiera pasado si yo elegía otra carrera o me dedicaba ser boxeador o soldador. (La careta ajustada a la nuca, sin oxígeno une, con oxígeno, corta, la costura bien hecha en una chapa opaca de metal azul.)

Yo soy, también, lo que pude hacer con lo que me intentaron hacer en la facultad.

El reclamo de mi hermano, válido, pero no seguro en el sentido en el que él lo hacía, aparece siempre. Aparece en los comentarios de este blog, en mis libros, en los que leen mis libros.

"Larga Puán...", "No escribas para Puán...", "Es evidente que no te podés desprender de la academia...".

Un pedazo grande mi vida y mi existencia quedó y fue modificado en esas aulas. ¿Qué debo hacer? ¿Pedir turno para una lobotomía? ¿Anular con hipnósis diez años de mi vida? ¿Quemar mis apuntes y pedir perdón?

Gracias a la facultad, entre otras cosas, aprendí a leer y la conocí a Celia.

Así que la cosa no es tan simple.

Creo que eso debería ser tenido en cuenta antes de acusarme de imbécil, autómata, intelectual, o de cosas peores, si es que las hay.

Posted by: Juan Terranova on Oct 19, 04 | 2:14 pm

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