El oriental amigo
No sé bien qué es o quienes son y a qué se dedica o dedican los que firman como Wu Ming. Sé que escribireron algunas novelas, sé que impulsan el copyleft, sé que son italianos.
Todo esto, por supuesto, me genera simpatía.
Ahora el texto que sigue, viejo, tiene una fuerza innegable.
Lo saqué de
http://www.wumingfoundation.com/italiano/derechos.htm
Pero lo pongo acá porque lo quiero tener cerca.
El Narrador: deberes y derechos
Preámbulo
¿Quién es narrador y cuáles son sus deberes y derechos? El narrador (o narradora) es aquel que cuenta historias y reelabora mitos, junto a referentes simbólicos compartidos —o al menos conocidos y, si se da el caso, puestos en discusión—por una comunidad.
Contar historias es una actividad fundamental para cualquier comunidad. Todos contamos historias, sin historias no seríamos conscientes de nuestro pasado ni de nuestras relaciones con el prójimo. No existiría la calidad de vida. Pero el narrador hace del contar historias su actividad, su especialización; es como la diferencia entre el hobby del bricolaje y la labor del carpintero.
El narrador recupera —o debería recuperar— una función social parangonable a la del griot en los poblados africanos, a la del bardo en la cultura celta o a la del aedo en el mundo clásico griego. Contar historias es una labor peculiar, que puede comportar ventajas a quien la desarrolla, pero es siempre un trabajo, tan integrado en la vida de la comunidad como apagar incendios, arar los campos, atender a los discapacitados...
En otras palabras, el narrador no es un artista, es un artesano de la narración.
Deberes
El narrador tiene el deber de no creerse superior a sus semejantes. Cualquier concesión a la obsoleta imagen idealista y romántica del narrador como una criatura más sensible , en contacto con una dimensión del ser más elevada, incluso cuando escribe sobre absolutas banalidades cotidianas, es ilegítima.
En el fondo también los aspectos más ridículos y chuscos del oficio de escribir se basan en una versión degradada del mito del artista, que se convierte en divo porque se cree de algún modo superior al común de los mortales , menos mezquino, más interesante y sincero, con un cierto sentido heroico, pues soporta los tormentos de la creación.
Que el estereotipo del artista mortificado y atormentado despierte mayor interés en los medios y tenga mayor peso de opinión que el esfuerzo de quien limpia las fosas sépticas nos hace comprender en qué medida la actual escala de valores está distorsionada.
El narrador tiene el deber de no confundir la fabulación, su misión principal, con un exceso de autobiografismo obsesivo y de ostentación narcisista. La renuncia a estas actitudes permite salvar la autenticidad del momento, permite al narrador tener una vida que vivir antes que un personaje a interpretar por coacción.
Derechos
El narrador que cumpla con el deber de refutar los estereotipos citados tiene derecho a ser dejado en paz por los que llenan el puchero propugnando esos mismos estereotipos (cronistas de sociedad, correveidiles culturales, etcétera...).
Cualquier estrategia de defensa de las intrusiones debe basarse en no secundar la lógica. Quien quiera actuar como un divo, posando en absurdas sesiones de fotografía o respondiendo a preguntas sobre cualquier tema, no tiene ningún derecho a lamentarse por la intrusión.
El narrador tiene derecho a no aparecer en los medios de comunicación. Si un fontanero decide no salir, nadie se lo echa en cara o lo acusa de snob.
El narrador tiene derecho a no convertirse en un animal amaestrado para actuar en salones o para ser objeto de gossip (chismorreo) literario.
El narrador tiene derecho a no responder a las cuestiones que no considere pertinentes (vida privada, preferencias sexuales y gastronómicas...).
El narrador tiene derecho a no fingirse experto en ninguna materia. El narrador tiene derecho a oponerse con la desobediencia civil a las pretensiones de quien (editores incluidos) quiera privarlo de sus derechos.
Wu Ming, verano 2000
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Digo yo... si uno desarrolla cierta habilidad de razonamiento que lo lleve a cuestionar con más crudeza su realidad y además soportar una mayor carga de ese dolor de la creación del que habla el texto... ¿no es de algún modo más realista, menos mundano (dada su patente diferencia de perspectiva idiosincrática) y en cierto modo "especial" (que no necesariamente superior, puesto que en cuestiones de supervivencia es menos adaptable que el elemento mundano)? La superioridad es ilegítima, pero la imagen romántica no es menos real por ello.
|ngenius (Rambling on)
Conservado en captura 20050414
Sí, che, muchos deberes para ser narrador. "El narrador tiene derecho a no fingirse experto en ninguna materia."
¿Qué clase de derecho es ese? Parece más bien una imposición del tipo: "Tiene derecho a permanecer callado..." (Que se traduce: "Callate, porque si no te la damos...")
Si tengo que tener todo eso en cuenta, mejor me dedico a los chistes verdes, ¿no?
Conservado en captura 20050414
Bueno, yo trataba de saber si me puedo sentir especial o también se me veta ese derecho. Pero tus chistes verdes son impagables, desde luego. ;)
|ng.
Conservado en captura 20050414