Pequeña reflexión sobre mi autobiografía
Hoy me acordé de un texto bastante menor en la obra de Martínez Estrada, es un ensayo que publicó el CEAL en su Biblioteca Básica Argentina (la colección negra). El título es "Análisis funcional de la cultura" y según la contratapa le dieron el premio Continental del Ensayo, otorgado por Casa de las Américas, en 1960.
En ese texto, Martínez Estrada glosa varios autores y deja en claro que "cultura" es, como ya sabemos, todo aquello que el hombre hace, etc, etc. (Sus posturas y sus razonamientos se parecen mucho al Raymond Williams de "Marxismo y literatura".)
Ahora, la "cultura" que vale, la "cultura" a la que hay que volver, es lo que él llama "culturas madres", que para decirlo rápido son las culturas que tienen olor a tierra. Mucha vasija de barro, mucho pulover peruano, Popul Vuhl, esas cosas (si recordamos sus mejores libros, sobre todo "Muerte y transfiguración de Martín Fierro", entre esas "culturas madres" cae la gauchesca.)
La hipótesis es viejísima, y el ensayista nunca ocultó que él, pese a toda su sofisticación teórica y su prosa genial, la suscribía: la locomotora y los libros trajeron civilización, sí, pero los argentinos, cholulos y snobs, se dejaron encandilar y perdieron contacto con lo propio.
En ese período, y puntualmente en ese libro y en otro del ´40, "La Cabeza de Goliat", Martínez Estrada niega todo valor posible a la cultura de masas. La defenestra sin más. No le da oportunidad alguna.
Hasta aquí, el autor de "Radiografía de la pampa".
Pese a mi admiración por Martínez Estrada (que es grande y amplia, y no creo que termine así no más), mi autobiografía está plagada de llamadas, de notas al pie, de ediciones, de artefactos y de artes que pertenecen a la cultura de masas, al kitsch, al kiosco, a la televisión.
Las biografías y mucho más las autobiografías, cualquiera lo sabe, se construyen. No son, no pueden ser, unívocas. Son sobre todo lecturas, de otro, de uno mismo.
Sin embargo, están las que convencen mucho, las que convencen poco y las que no convencen.
Después de Borges, muchos escritores se volvieron anglófilos, aunque sus nombres remitan a la Italia o la España más profunda. A muchos de ellos les gustaría tener algún inglés felmático en la familia, aunque más no sea algún tio abuelo, tosco y palurdón. Pero no lo tienen. ¿Y entonces? Dicen que aprendieron inglés de muy chiquitos, que fue su segunda lengua, que dieron el first certificate a los once años. Bueno, allá ellos.
Explorar los hechos reales de la autobiografía de cada uno (y estirarse al árbol genealógico), entonces, a algunos le parecerá una pérdida de tiempo, pensarán que los lleva a una decepción, o los encontrarán insípidos. A otros, no.
En mi caso, yo cada vez estoy más convencido de que los hechos estéticos de mi vida tuvieron lugar al calor de la cultura de masas.
En realidad, no sólo los hechos estéticos. Para empezar, mis abuelos paternos, que traían a mi viejo de dos años a cuestas, llegaron a la Argentina en 1947 de la mano de un plan de post guerra promovido por el primer peronismo. No es un dato menor.
Pero no es eso lo que quiero contar acá. Son otros los ejemplos. Estoy hablando de la TV color a los cinco años. De los casettes y de la ciencia- ficción berreta en la adolescencia. De una infinidad de revistas y diarios siempre.
Después sí llegó la universidad. Pero antes, durante y después, ahí estaban el Bruce Lee de “Operación Dragón” y los libros “Elige tu propia ventura”.
Ahora bien, cuando Martínez Estrada escribe "Análisis funcional de la cultura" ya existían tipos criados en la cultura de masas, gente talentosa que la aceptaba y veían sus posibilidades. Arlt es un ejemplo claro. Soiza Reilly también. Y “Caras y caretas”, y el cine... La lista que es grande remarca la ceguera del ensayista. (Que curiosamente reivindicaba el “Martín Fierro” como algo que había sido marginal...)
Sin embargo, creo que hoy el hecho es más importante por el simple debilitamiento de las conductas que defienden que el arte no se consume, que el arte le "cambia la vida” a uno, que debe permanecer puro, y un largo y dudosísimo etc.
Aparte, hoy más que nunca, incluso las mieses de la cultura alta nos llegan filtradas por la cultura de masas: CDs, DVDs, suplementos culturales, libros en el supermercado, y el ojo del mundo que es Internet. También largo etcétera.
Mi tesis entonces es que aquellos que niegan la importancia de la cultura de masas, también están negándome la posibilidad de explorar y definir mi autobiografía.
Y eso implica una cuestión generacional y política, cuando no vital.
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Bien, hoy vemos los chicos que en breve se vuelven a Michigan. Celia tenía que hacerse cargo del postre. Lo mejor, creo, sería llevar helado.
Si todo va como está programado, mañana nos vamos al bautismo de Abril, que es una iglesia de Ramos Mejía.
Y ya el lunes viajamos a Tres Arroyos.
Nos vamos por cuatro días porque tenemos mucho que hacer, así que este blog se va a ver interrumpido unos días.
Si lo puedo actualizar desde allá, tendremos noticias. Si no, habrá que esperar un poco.
Escribo acá para molestar y para que quede a la cabeza del asunto ese último texto que me gustó como quedo.
Nos vemos a la vuelta.
Conservado en captura 20050414
Entiendo lo de la autobiografía. Pero me da pereza ponerme a pensar la mía.
Igual, sí o sí, estaría llena de televisión.
Conservado en captura 20050414
Aguante Pupi! El que niega la tele es un gil.
Conservado en captura 20050414