Lo del martes

Sigue lo de los martes. En "Más...", resumen por Elsa Drucaroff.

MAS...

Ayer martes se realizó el tercer encuentro del ciclo "Jóvenes a la Intemperie. Los que escriben después de los años 80", coordinado por Elsa Drucaroff. Su tema fue: "Qué ves cuando me ves. Literatura y lenguajes visuales."

Participaron el crítico, guionista y docente de la Universidad del Cine, Hernán Hevia, el escritor Pablo Ramos, recientemente premiado en Casa de las Américas, y el también premiado escritor de cine y televisión Mario Segade.

Hevia partió de un ejemplo histórico de la relación literatura-cine (en Octubre, de Eisenstein) y analizó recursos que remiten a la escritura en películas experimentales de jóvenes argentinos. Demostró que todos los recursos "literarios" intentaban dar un sentido o un tiempo a las imágenes desde afuera de sí mismas, como si el cine apelara a la literatura porque desconfiara de las imágenes, y la escritura fuera el modo de organizarlas e influir sobre quien mira. ¿Esto atenta contra la condición misma del cine, donde las imágenes en sí son protagonistas? Insistir en dar sentido desde afuera, ¿no coincide con la intención de las películas de propaganda, donde los significados, más que tocar las imágenes, buscan tocar a los que miran?

Ramos reconoció la influencia de la televisión en su formación pero leyó un breve cuento, escrito para ese día, que mostraba que las imágenes internas fueron el germen que lo volvió escritor. Recordaba allí una experiencia infantil donde las imágenes lo invadían. Ese quedarse en suspenso, "flotar para ver", le marcó un camino vital, intuitivo, que lo llevó de las imágenes (y la música) a la literatura. La sugestión, el humor, el clima del cuento, ambientado en un barrio obrero de Avellaneda donde transcurrió su infancia, no pueden transcribirse en un resumen de este tipo.

Segade se preguntó si los lenguajes visuales eran "artísticos" y si él era entonces un "artista". Partió de su experiencia vital, ironizó sobre significados que rodean la palabra "arte": solemnidad, sacrificio, dolor. Hay "un contacto íntimo de la escritura audiovisual con el arte", pero "el arte no se pregunta ni se plantea, está". Más que ponerse "objetivos artísticos", su oficio de guionista consiste en inventar simultáneamente historia e imagen. Tomó un recuerdo de infancia (los cuadros de Picasso le despertaban relatos): su trabajo es "dar ritmo dramático al hecho plástico", "proyectarlo al movimiento", "hacer explícito (en palabras) lo implícito". Por eso negó que los guiones independientes de su realización tuvieran valor literario. Cuanto más desapercibido pase el guionista en el resultado final, mejor será éste. Reivindicó el placer de escribir, inventar personajes, poder "ser sensiblero, jacobino, cursi y anarquista al mismo tiempo", aislarse en historias imaginadas. Citó a André Gide: "todo ya ha sido dicho, pero como nadie escucha, hay que empezar de nuevo."

El público y la coordinadora intervinieron con preguntas que comentaban las exposiciones. Ramos contó que descubrió que un fragmento onírico de un relato suyo partía de un dibujito animado visto de niño. Contar historias, ¿también es un intento de manipular y persuadir? Hevia dijo no estar contra el cine que relata historias sino desconfiar del que olvida su antigua intención de registrar imágenes. Se cuenta una historia para "compartir una experiencia", subrayó Ramos. En relación con el mercado, Hevia rescató el origen industrial y científico del cine, su vínculo con el dinero. Aún las películas "de arte" dependen de un mercado, aunque sea más reducido. Segade se consideró afortunado porque puede aprovechar el mercado a favor de su creación. Hizo un balance de lo malo (posible pérdida de placer) y lo bueno (dominio técnico) de ser un escritor profesional.

El encuentro posibilitó un intercambio productivo entre experiencias creativas y existenciales sumamente diferentes.


Posted by: Juan Terranova on Jun 18, 04 | 1:13 pm