Después de la charla
Después de la charla, tomamos un vino, compré un libro que andaba buscando hace rato y, finalmente, nos fuimos con Celia a comer con mi prima Inés que estuvo en la charla (participación activa porque habló) y con mi tía Rosana. Como ya no vivo en mi barrio de la infancia, adolescencia y soltería, lo añoro. Y la noche ayudó porque estaba espléndida. Cenamos con Chiche, mi tío. Muy buen vino. A la vuelta, en el 132 viajamos enfrentados a una mujer que mugía. Estaba visiblemente loca. No parecía agresiva, pero sí se nos antojo como "potencialmente agresiva". Cada tanto se miraba en un espejo de mano y se maquillaba. Díos mío, su cara tenía capas de maquillaje. Era algo horroroso. Creo que Celia se asustó un poco. La descubrimos (o quizás ella nos descubrió a nostros) cuando subimos, y nos acompañó hasta que nos bajamos. Fue un viaje largo. ¿En qué pensaba yo? En dos cosas. Uno, parecía un personaje de Stephen King. Dos, me mortificaba sabiendo que no iba a poder describir, en este blog, el asunto de la mujer que mugía con tanta potencia como había sucedido.
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