nervios
Ayer Celia estaba tan nerviosa que no podía caminar. Yo llegué tarde a casa, justo sobre la hora. Tenía cinco minutos para bañarme, vestirme y salir. Cuando entré a la habitación, la vi en la oscuridad, casi desnuda, sumida en una crisis de nervios. Al final, todo salió bien. Ella es un gran ejemplo de que la lógica de la escritura y la lógica del espectáculo son bien difrentes. Quizás en esa diferencia es que apoyan los escritores sus prejuicios contra la televisión, las revistas y todos los medios. Ah, sí, el lenguaje es dócil comparado con las cámaras y la exposición pública. Prometo investigar.
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