Domigno a la tarde
Hace algunos días sentí que algo me pinchaba desde adentro.
Apareció un tipo en el trabajo y me dijo que las cosas no iban tan mal.
Ahora, se trata de estabilizarse, ganar seguridad y convicción.
No hay otra forma de hacerlo. Y aunque esta sea la manera difícil,
bueno, creo que la resignación no es tan mal.
Recibí un mail de Cristian que se acordó que ayer cumplimos un año de casados con Celia.
Hoy hace 33 centígrados de temperatura en la calle. Los suplementos literarios no hablan de mi libro. Pero yo estoy escribiendo. Me gustaría no tener tantos problemas, pero no me quejo.
Igual son problemas menores. Un antigua amiga, una mujer bastante decadente, me pide que le devuelva un libro. Pero no tengo tiempo. Esas cosas. Ella insiste. Quiere que se lo deje en un bar en la calle Piedras. Voy a ir recién el martes. Hace mucho que no voy a los bares, a hablar de idioteces y emborracharme. No voy a ir por culpa de un libro. Aunque el libro sea muy bueno (que no lo es) y la dueña insista en querer recuperarlo.
Ayer, excelente película en la tele: ganster, ex-porno stars y un robo a un banco abajo del agua. Recomendada.
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