Lunes al mediodía
Últimos días, pensando mucho en mi infancia, en mi adolescencia y en mi presente.
Me imagino que todos lo hacemos. Volvemos mentalmente a esa felicidad que se fue, pero que si lo pensamos dos veces no eran tan feliz, ni mucho menos perfecta.
El sábado la ayudé a Celia con una trabajo sobre Cheever. Releí El Nadador, que es un excelente cuento. No soy un gran lector de cuentos. No los disfruto como las novelas. Pero lo de Cheever me gusta, hasta me entusiasma. Me hizo bien volver a Cheever. Logramas armar con elia una hipótesis central bastante ajustada. Eso es bueno.
Después, pasó la semana que había programado y ahora tengo veinte páginas word de una novela que parece ambiciosa. La historia se teje sin problemas y sin sobre saltos (con los mínimos sobre saltos). ¿Por qué? Porque encontré un estilo que me gusta y no me aburre.
En mi taller de escritura ese es el centro de la cuestión, ese es el desafío, encontrar un estilo que tire, que salga, que vaya hacia adelante.
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