Miércoles a la mañana
Cierro los textos del nuevo libro y se los mando a Pígoli. Cuando apreto "send", digo en voz alta: "Bueno, ahora hay que cruzar los dedos". Mary, la chica que limpia en casa, me escucha y me mira. "Espero que salga todo bien, aunque en general siempre algún error suelto queda, ¿no?". Y ella me responde: "Si no, sería demasiado fácil". Es verdad. Sería demasiado fácil.
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