Miercoles a la noche
Fuimos al teatro a ver una obra. Había músicos, actores, bailarines, era como un musical en camiseta (una idea muy ochentas). Cuando empezaron a hacer percusión con palos golpeados contra el piso y alguien tecleaba siguiendo el ritmo una máquina de escribir, me dije a mí mismo: "Esto ya lo vi y cuando lo vi, no me gustó". Hace poco le dije a Celia que debía de haber una número de máquinas de escribir en desuso en las casas de los barrios porteños. El pnesamiento me alegró. La obra que vimos hoy, no. Me pareció mala. No mal hecha, mala. Bien hecha, los músicos eran buenos, pero malas opciones. Canciones de protesta cantadas como en un music hall. No, paso. Celia se deprimió un poco. Antes, habíamos comido una pizza en Polyteama, pizza café, y yo me había cruzado a comprar un libro a la librería de saldos que está al lado de La Giralda.
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