Soledad Quereilhac lee El Caníbal
Soledad Quereilhac me escribió para comentarme su lectura de "El Canibal". (Véase "Más...")
Vulnero la privacidad del mail porque me resulta interesante lo que dice (y también los piropos que desliza).
Gracias, Sol.
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Querido Nico:
¿Cómo estás? Según vi en tu página, te ibas para La Paloma. Yo recién llego de Claromecó, lugar que me gusta cada vez más. Ojalá algún verano coincidamos y pueda visitarlos a Celia y a vos en Reta. Y tenemos pendiente algún encuentro, Terranova, que hace mucho que no te veo.
Te escribo porque leí tu novela El caníbal. Ante todo, y juro que esto no es una formalidad, quiero disculparme por el inexplicable retraso con que me acerqué a ella. Es algo que suele pasarme seguido, y no solo con novelas de amigos, sino en general con cosas que, curiosamente, me gusta mucho hacer. Creo que allí fallé en camaradería. En fin, disculpas sinceras.
Al punto: me gustó realmente mucho El caníbal y tuve ganas de decirte por qué. La forma que mejor me sale es decirte primero todos los "a pesar de...", porque la novela me gustó de manera inestable, y esto no tiene que ver con identificar puntos flojos o decaídas, sino más bien con la inestabilidad que generan los temas con los que te metés. Me costó identificar cuándo me incomodaba tu estilo tan coloquial y al boleo, o cuándo, en realidad, acompañaba muy de cerca ese estrangulamiento al que llevás la posibilidad de existencia de la literatura y esa manera en que los medios masivos se fagocitan la relevancia de la novelas. Tu estilo coloquial y puteador se transformaba, entonces, en un acto coherente, amplificando eso que decís de "Prefiero ver un asesinato en la calle, antes que volver a leer un juego de palabras." Todo el tiempo sentí esa inestabilidad, a veces incómoda, y caía como un chorlito en el segundo epígrafe, aunque yo no sea aspirante a novelista. Me preguntaba todo el tiempo qué ideas de literatura estaba manejando yo, qué cornos era eso que en mi cabeza sólo podía llamar "estilo" (de sentido taaaan amplio) y que yo veía como una "pobreza" en tu novela. E inevitablemente sentía que tu novela me cerraba el pico para esas objeciones poco formuladas teóricamente, porque vos no estabas cediendo a la tentación (o no podías, ¡qué importa!) de crear la ilusión, mediante un lenguaje más bello, de que la literatura capta experiencias profundas (como la introspección, la percepción, la pasión....). A vos te preocupan, y muy seriamente, otras cosas de la literatura.
Me gustó mucho el lugar desde donde habla el personaje de Terranova. Hay allí muchos condimentos generacionales que me interpelaron fuertemente. Sólo una vez me había pasado eso; fue cuando vi "Los rubios" de Albertina Carri. El tema no tiene nada que ver, pero esa forma de mandar a la mierda a los camaradas de sus padres y a los directivos de la escuela de cine, ese final con pelucas rubias escépticas, posmo-kistch y sacrílegas respecto del "santuario" de los desaparecidos, y sobre todo, esos segmentos de escenas con playmovil me impactaron de tal manera que me puse a llorar como una gilberta durante media hora, aunque en la película no haya golpes bajos ni demasiada emoción. No fue para nada el tema de la dictadura en sí misma lo que me emocionó, sino el hecho de ver en una película una mirada de mi generación. En tu novela hay realmente mucho de eso, y creo que esa es una de las causas por la cual me pareció muy buena y sobre todo, nueva. Cuando decís que gente de la generación de Villegas nos "formó intelectualmente" y por eso querés comértelo, cuando manejás muy bien ese desprecio de Terranova por Marconi pero a la vez, su necesidad de acudir a un editor o, mejor, su imposibilidad de "no" escuchar a Villegas, aunque sea un viejo loco, das en el clavo respecto del lugar incómodo que ocupamos los nacidos en el 70 frente a estos viejos autobombeados y autoidolatrados. En otro plano, tus "Danger. Warning. Pay attention" frente a la poetiza son sublimes.
De Terranova también me gustó mucho la seriedad y la intensidad de sus desazones, sus preocupaciones y sus odios. Cuando se lamenta de haber escrito su primera novela o cuando se da cuenta de que nadie le pidió que la escribiera decís en lenguaje muy simple cuestiones muy difíciles de resolver, como es la exigente pregunta sobre por qué seguir escribiendo literatura, más allá de que sea un acto narcisista delicioso. Me gustó no encontrar canchereadas obscenas como las que solés mandarte a veces, sino párrafos muy lúcidos sobre varios temas. Y este es un punto. Decís cosas muy lúcidas sobre la tv, el diario y las novelas. El caníbal está lleno de definiciones, de interpretaciones al voleo que dan en el clavo. Esa es una de las cosas que más me gustó de la novela: la capacidad de esbozar rápidamente buenas interpretaciones de los medios y de su relación con la literatura. Sos inteligente, turro, aunque no deba decirlo porque vos te manijeás bastante solo.
Ahora, hay algo en lo que me quedé pensando. Villegas y Terranova (en menor medida éste) rescatan el poder ficcional de los medios (están muy buenas las digresiones de Villegas) Pero yo pensé que había algo tramposo en todo esto. Por ejemplo, Villegas dice sobre el caso del ermitaño: "Es mucho más [que la obra de Moliére]. Es una perfecta novela condensada en apenas cuatrocientas palabras. Él, misántropo consumado, se convirtió en héroe popular de una sociedad a la que rechaza por corrupta." Villegas puede ver valor ahí porque es letrado, ha leído mucha literatura. Terranova también. Decir "novela condensada" ya lo evidencia. Pero el lector de diario no tiene ese parámetro. Y si bien las crónicas policiales vienen con la trama armada, son pobres, están mal escritas y no le sacan el jugo a nada. Tampoco avispan al lector, sino que lo alienan bastante (pido perdón por esta palabra, en mí conviven 500 paradigmas teóricos, todos mal manyados y agarrados con pinzas.) Es la literatura la que le da valor a esas notas. Ellas no lo tienen por sí mismas. De modo que el poder ficcional de los medios vuelve a ser sólo material para los entendidos, para los "cultos", mientras que los tv adictos no se llevan nada. No sé si se entiende. Para mí, esas crónicas son la cuota de ficción mínima, llevada al máximo de su degradación, que un televidente idiota puede deglutir. Más, lo supera. De modo que esa búsqueda de historias en los medios no es más que un jueguito de intelectuales. Sólo el cinismo letrado da valor de verdad a la frase "la tv es pura literatura" y ahí, sí, estamos de acuerdo. El cinismo es iluminador. Pero si pasa a ser celebratorio... no sé.. se me representa un Jorge Rial en la cabeza, que más allá de sus "éxitos", no deja de ser un cacho de nerca con patas.
No digo que tu novela sostenga esto, como si se tratara de un mensaje moral o un programa. Sólo lo pensé una vez que la leí. El final está muy bueno también, esa sensación de "en vivo y en directo". En fin, creo que tu novela es densa, hay mucho en ella.
Bueno, me extendí un poco, pero quería escribirte. Lorena, la novia de hermano (¿te acordás? estaba en la quinta) también la leyó y le gustó mucho. Pero no supo decirme bien por qué. Le voy a preguntar de nuevo, porque ella no tiene el target Letras y me pareció interesante que la leyera con tanto entusiasmo.
Un beso grande
Sol