miércoles a la tarde
Hoy me levanté con sueño. Desayuné con ganas de volver a la cama, pero gente despreciable hacía ruido en la planta baja. Le pregunté a Celia si habían terminado de construir a Frankestein. Había ruido a sierra eléctrica cortando huesos. Di un par de vueltas, largas vueltas donde intenté leer e incluso escribir. Después, me vine al trabajo, proyecté una nota y nada más. Leí el diario. Un día perdido, a menos que me despierte a eso de las siete de la tarde, o peor, diez de la noche. Horarios para cualquier lado. Y para colmo es verano.
Perder la brújula. Ya escribí sobre eso.
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