Me voy para la presentación. Celia se fue hace un rato para dejar todo listo. Espero que vaya gente.
Hoy fuimos los dos a que me cortaran el pelo (solo no voy, me da pereza) y en el trayecto habalmos de una entrevista que salió en el Ñ a David Viñas. Celia dijo algo así como "Estos viejos..." y yo complete de la única manera que me sale realmente en forma natural "...de mierda".
Igual que el tipo rescate el gobierno, puf, eso es algo en alguien que nació en 1927.
¿Qué hace Celia mientras te cortás el pelo? ¿Peluquería de hombres o unisex? Desarrollá, please.
Mirá Rodrigo, la cosa es así. Vamos juntos, peluquería unisex. Se acerca el peluquero y pregunta "¿te lavás?" Juan pone "cara de estudié pero no me acuerdo". Yo salgo al cruce, le pido que le corte pero no mucho, que aunque se ven unos algunos remolinos indomables, tiene un pelo re lindo. El peluquero me ignora. La cosa se va poniendo turbia. El peluquero quiere solidarizarse con ese pobre hombre que no puede evadirse de su castradora mujer ni siquiera en la peluquería. Cuando Juan ve que lo que le están haciendo no le gusta tanto, me manda a comprar chicles y cambia las órdenes. Vuelvo, pagamos y paso los siguientes dos o tres días asegurándole que el corte de pelo le quedó buenísimo. En resumen, eso es lo que hago.
Gracias, Celia, ahora tengo más clara la cuestión.
En peluquerías unisex hay tolerancia, se banca que la esposa de uno imparta instrucciones. En la que yo frecuento las únicas mujeres que entran son señoras arreando mocosos.
Por otro lado, el peluquero ya me conoce y hace siempre lo mismo. Lástima que cada vez le lleva menos tiempo. Estoy considerando variantes: el pañuelo de Leonardo Favio, los gorritos de Miguel Rep, el apósito felino de Soldán. Acepto sugerencias.
Yo también tenía mi peluquero de barrio. Pero se me fue a España, el muy cabrón. Todo lo demás, verdadero.
Sobre todo que tengo un pelo re lindo.
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