Celia se acaba de ir al teatro y yo me quedé solo pero me siento bien. Es domingo a la tarde y hace calor. Uno se puede tirar a dormir la siesta infinidad de veces un domingo de verano y leer algún libro que nunca se termina, o mirar la televisión o incluso dormir realmente.
Ayer Celia se levantó temprano y se fue a peinar. Volvió de la peluquería a la hora y media y yo me había dado una ducha y estaba empezando a despertarme. Fuimos a buscar el auto que nos habían prestado hasta la cochera y pasamos a buscar a una amigo de los novios por Vicente Lopez. No lo conocíamos pero Rafealr resultó un compañero de viaje ideal. Después bastante conversación y un rato de ruta 9, llegamos a la quinta de Zárate donde se celebraba el matrimonio.
Había unos gacebos con mesas de manteles blancos y el pasto estaba muy bien cortado. El sol era fuerte y la gente se refugiaba a la sombra de los árboles, llevando de acá para allá las sillas de plástico blanco. Comimos bien, pero no tomamos alcohol. Celia estaba tan linda y sonreía tanto que me costaba mirarla y no pensar en la suerte que tengo de estar con ella.
Los novios se movían entre la gente y se escuchaba jazz y músicas afines. Había mucha alegría, la gente estaba muy contenta. Después tocó un grupo que hizo algunos standarts como Autum Leaves y esas cosas. Era una buena banda. Incluso hicieron Una noche en Túnez de Dizzie Gillespie en una versión muy interesante. Creo que lo disfrutamos mucho los iniciados, digamos los jóvenes, y los demás nos acompañaron.
Antes del grupo, hubo discursos y me tocó hablar primero y dije lo que pude y lo que me salió. Creo que estuve bien, aunque Celia me dijo que repetí un poco lo que había dicho en el almuerzo del jueves. Después, todo el mundo le deseo lo mejor a los novios.
Ya a las seis de la tarde mucha gente empezó a saludar y a retirarse, con caras de cansancio. Nosotros aguantamos hasta las ocho y media y terminamos saliendo a las nueve de la noche después de un último brindis. La autopista estaba especialmente brillante. Hicimos una parada para hacer pis y refrescarnos y cuando llegamos a casa pensamos que nos hubiera gustado quedarnos y levantarnos, con resaca pero felices, y usar la pileta de la casa, a la que miramos con ojos de codicia durante todo el día, haciendo las bromas usuales de desnudarse y sumergirse, o tirar a los novios o tirarnos entre nosotros.
Hubiera estado bien quedarse y desayunar con lo que había sobra del día anterior, y dormir la siesta al aire libro y a la noche volver a tomar champagna bien fría con amigos, hablando estupideces hasta la madrugada sin que a nadie le importe mucho nada.
Nos acostamos y Celia dijo: "Esas son las cosas que pasan cuando uno la pasa bien". Estoy de acuerdo.
Bueno, es una buena frase, creo...
Una frase sobre las bondades de la religión, cortesía de su casino on line más cercano... el Señor bra de formas misteriosas.
Me alegra que la hayan pasado bien, y ya va a haber oportunidad de que vengan a disfrutar la pileta y quedarse hablando estupideces hasta la madrugada.
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