El escritor y la blogosfera

Por el blog de Ignacio Escolar, www.escolar.net, el cual consulto a menudo, llegué a otro blog de la peníncula ibérica, www.elástico.net y leí lo que puede leerse aquí

http://www.elastico.net/archives/001305.html

Mi sentimiento en un primer momento fue raro. Sentí que me caía a mí y a estas escondidas frases una cantidad de responsabilidades muy grandes. Sobre todo cuando leí este párrafo:

"Ahora que Belle de Jour se despide y Meg Hourighan ha decidido cambiar de vida, me doy cuenta de hasta qué punto entre las dos, sin conocerse siquiera, han encabezado una revolución que, como ocurre a bombo y platillo en el mundo de la música, ha entregado al público el derecho a decidir lo que es bueno y lo que no según sus propios criterios. Y, con tiempo y suerte, cortará el riego de la sopa boba para los nombres ilustres que viven de las rentas desde hace ya más de treinta años."

Por supuesto, ellos (ninguno de los nombrados) no manejan el concepto de blog que manejo yo. Por eso no le dieron bola a mi decálogo y eso que se los envié a los dos. Pero al final, y aunque Escolar cada vez habla más de política (y de forma menos interesante), no estoy tan seguro de que seamos tan diferentes.

¿O no? Porque la idea de que un blog que no se actualiza es un blog muerto ya aparecía en mi decálogo. (Pobrecito, no me lo comentó ni el Mago Chan).

Por otra parte, el ejemplo de Belle de Jour confirma que lo que quiere la gente es mirar, enterarse y calentarse. Y eso que "la gente" no existe.

Sí, es posible que lo del Elástico con toda esa carga de esperanza sea un poco demasiado optimista, pero también parece atendible.

(PD: Chicos, si mañana se me cae un piano en la cabeza, quemen este blog. Ni se les ocurra salir a venderlo al mejor postor editorial...)


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el escritor en la blogosfera
Decir que la industria editorial está en crisis se ha convertido en un chiste recurrente. A diferencia de lo que ocurre con el CD, publicar un libro es un proceso que cuesta mucho dinero y esfuerzo. Por eso, salvo casos muy excepcionales, las empresas del sector se cuidan muy mucho de invertir sus fondos en nuevas promesas y reservan su capacidad de producción y promoción para los escritores mas populares o aquellos temas que despierten un interes general en el público, como el fútbol, los personajes de la vida rosa o las memorias de un político recién jubilado. Este estado de cosas coloca al autor novel en el famoso conflicto de la pescadilla: no tiene un nombre porque no ha publicado y no publicará porque es un don nadie. Sus posiblidades de convertirse en el nuevo Dostoyevsky sin pasar mucha penuria son limitadas y pasan por ganar un concurso dedicado a autores desconocidos, autofinanciarse la publicación de su propio libro o pegar un braguetazo con un miembro de la realeza (léase monárquica, taurina o futbolística). En los ultimos cinco años la vía digital ha planteado una nueva opción: los weblogs.

Ahora que Belle de Jour se despide y Meg Hourighan ha decidido cambiar de vida, me doy cuenta de hasta qué punto entre las dos, sin conocerse siquiera, han encabezado una revolución que, como ocurre a bombo y platillo en el mundo de la música, ha entregado al público el derecho a decidir lo que es bueno y lo que no según sus propios criterios. Y, con tiempo y suerte, cortará el riego de la sopa boba para los nombres ilustres que viven de las rentas desde hace ya más de treinta años.

La galaxia Guttenberg. Antes de la imprenta existía una única editorial: la Iglesia. Esta situación generaba pocos conflictos, principalmente porque la gran mayoria de la población no sabía leer y el criterio de publicación estaba bastante claro. Esta historia de los panes y los peces me parece provocativamente interesante... ¡vamos a ver qué sacamos de aquí! Además les salía barato: las ediciones se escribían a mano con una tirada de uno, generalmente por un monje que hacía ayuno para estar a buenas con Dios. El acceso a dicha obra era bastante restringido y, para la mayoría de los mortales, sencillamente no existía. La revolución de la imprenta supuso, como es bien sabido, un cambio de papeles, y el poder de publicación quedó en manos de cualquiera que tuviera dinero para comprar dicha máquina y mantenerla en funcionamiento.

La editorial se convirtió, pues, en la nueva iglesia y la copia única manuscrita, en una serie menos limitada de libros que llegaron, si no a todas las casas, al menos a algunas cuyos habitantes pronto se dividieron en lectores, libreros y críticos. Y así estaba el patio cuando William Randolph Hearst acuñó la famosa frase "La libertad de prensa para el que tiene una". Aunque se refería muy apropiadamente a los medios de informacion, la idea bien puede aplicarse a la industria del papel en su conjunto. La mayoría de las editoriales, como empresas que son, han tomado sus decisiones con respecto a las exigencias de un mercado mediatizado, sacrificando muchas veces la calidad de sus productos en beneficio de sus posiblidades economicas. Esto nos coloca en un escenario en el que los libros de autoayuda cubren las estanterias dedicadas a la filosofía y antropología en las librerias de gran superficie, la biografía de Jose Maria Aznar compite con ventaja sobre la de Philip K. Dick y Crónicas Marcianas produce más escritores que la facultad de Letras de la Sorbona.

La literatura llamada de la mujer no es muy diferente. Como demuestra el mercado, resulta más sencillo publicar un libro si eres -o has sido- prostituta adolescente, mujer maltratada o yonki. O Rosa María Montero. Publicar un weblog, sin embargo, es gratuito, y fácil.

EL cuarto poder. La explosión de Internet ya prometía la posiblidad de publicar tus propios textos online. Muchos aspirantes a escritor aprovecharon el momento para abrir una bonita página web con todos sus textos y esperar a que un cazatalentos llamara a su puerta, deslumbrado por el poder de sus ardientes metáforas y sus pasajes descriptivos. La mayoría esperaron y esperaron y decidieron abandonar la literatura por un oficio con más futuro, como la fontanería o el periodismo. Las páginas publicadas en el mónstruo de la Red fueron lágrimas en la lluvia que rara vez alcanzaron más audiencia que la propia familia y la novia. Los weblogs parten de una base más sólida: son una red dentro de la red. El comercial empieza a trabajar con una agenda de contactos.

Paradójicamente, el weblog devuelve la literatura a los tiempos en que sólo había una copia de cada libro, pero la biblioteca que lo guarda no es un monasterio perdido en lo alto de la colina ni la colección privada de algún mandamás. Ese único libro que produce una sola persona está a la vista de todos y cada una de sus páginas puede ser disfrutada al mismo tiempo por todos los usuarios de la Red a la vez. Hay un único libro pero está en todas las casas. Desde su estudio en Valencia, Singapur o Alabama, el blogger tiene de pronto el poder de la ubicuidad.

Y no sólo eso. El formato característico de un weblog proporciona al escritor una serie de ventajas que la técnica tradicional -yo me lo guiso y me lo como en casa- no tiene. Entre la gratuidad y la sencillez del formato y su capacidad vírica, la más importante es la constancia: la necesidad de actualizar periódicamente tu página favorece dramáticamente la disciplina del autor -un blog que no se actualiza es un blog muerto-, mantiene la atención del lector, que acude cada día a su página favorita a ver qué ha pasado hoy y mejora la calidad de la obra -nuestro tiempo es limitado y el mar está lleno de peces. La técnica del burro y la zanahoria con una audiencia era la clásica del siglo XIX. Los Hermanos Karamazov y La Dama de las Camelias fueron, como tantos otros clásicos de la Literatura Universal, novelas por entregas. Y tenían que ser buenas por defecto: una sola entrega mediocre y los lectores se pasaban en masa a la competencia.

Belle de Jour. Decía que el caso de Belle es sumamente representativo, pero sus características como icono vienen mejor definidas por lo que no es. Belle escribe un diario desde una cuenta anónima en un sistema multitudinario para bloggers principiantes. Su página no tiene fotos, el diseño no es especial y, aunque relata las peripecias de una call girl londinense, sus textos ni siquiera son particularmente explícitos. Los clientes a los que visita no son personajes famosos ni congresistas americanos como ocurre en otros casos que han recibido atención . No sale con futbolistas. No ha descubierto ningún escándalo financiero ni le pasa información al servicio secreto ruso. No es melodramática, escandalosa, morbosa ni oportunista. ¡Ni siquiera sabemos quién es! Belle de Jour sólo tiene una virtud: es una gran escritora. Y esa única virtud ha puesto la Red a sus pies.

Belle es importante porque demuestra, con su mera existencia, que el público no es idiota, ni mucho menos. Su premio al mejor weblog del año, concedido por The Guardian, y su contrato editorial para la publicación de un libro demuestran dos cosas: que, cuando tiene la oportunidad, el público elige material de calidad y que, en este preciso momento, los ojos de todas las editoriales están clavados en la blogosfera. Ya da igual que su autora sea -o no- realmente prostituta, que sea -o no- realmente escritora o que sea -o no- realmente una mujer. Importan los millones de personas que han seguido su blog y la cantidad de medios que han enlazado sus páginas. Ahora todo el mundo tiene una prensa y su futuro depende únicamente del buen uso que haga de ella.


Posted by: Juan Terranova on Sep 24, 04 | 4:16 pm