Miércoles al mediodía
Un principio.
MAS...
Querida María Rocío, acabo de hacer un alto en mi rutinario trabajo para
escribirle esta carta. Soy abogado, María Rocío, abogado de una importante
firma de abogados. Pero encuentro mi trabajo rutinario, falto de interés
y muchas veces aburrido. No crea que soy un profesional irresponsable. Sé
que no produce el efecto deseable hablar bien de uno mismo. Hay tanta gente
que lo hace... Al parecer todos en nuestra sociedad lo hacemos. Desde los
más instruidos hombres de negocios hasta las últimas ratas deshilachadas
de la calle, hablan de sí mismos como si fueran el rey de España. Pidiendo
moral, hablando de valores que ni ellos ni nadie nunca respeto. Sin embargo,
en este caso, en el caso de mi profesión, yo creo que soy responsable y
probo. Y creo que eso, y aquí hago una diferencia, no me ha beneficiado
en absoluto. Mi historia, María Rocío, es simple y puede contarse en pocas
líneas. Si usted me lo permite, no distrayéndose de la la lectura de estas
líneas, puedo narrársela.