Respondo sobre Macedonio

En "más..." encontrarán parte de una entrevista a quién les escribe. Recibo sus comentarios.

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En El caníbal se critica a Macedonio Fernández. ¿Podrías decir algo más de esa crítica?

Bueno, primero habría que separar la crítica a Macedonio Fernández de la crítica a su innegable canonización hecha por sus apologistas.

¿Quiénes serían sus apologistas?

Bueno, Macedonio está ahora en un lugar muy importante, en el centro del canon que construyó Borges y continuaron, con bastante énfasis, Saer, Piglia y todos los lectores eruditos de Borges. La lectura que ellos hacen de Macedonio como precursor es muy fuerte. Esto no quiere decir que Macedonio sea leído asiduamente, más bien todo lo contrario. Ahora, Macedonio no es ningún best-seller, su obra es de acceso, por lo menos, mediado, sino difícil. Sus canonizadores, de alguna forma lo hacen más legible, más accesible, más asimilable.

¿Cuál es tu lectura de la obra de Macedonio?

Yo no tengo una lectura muy diferente de la de sus canonizadores. Pero donde ellos se entusiasman, yo me aburro. Leo mucha metafísica, mucha especulación, mucha libertad y muy pocas cosas que me interesen. Macedonio no era un gran narrador, sí era un humorista de salón atendible, quizás hasta un tipo de ideas filosóficas de avanzada, pero no siento mucha simpatía por sus textos, insisto, básicamente porque me aburren.
Hay una anécdota que ilustra muy bien lo que digo. Un día se acerca Macedonio a Santiago Dabove y le pregunta si no se puede hacer música sin ritmo, con pura armonía. Porque, en la visión de Macedonio, el ritmo era lo burdo de la música, lo más bruto. Bueno, yo creo que en esa anécdota está todo lo que yo le critico a Macedonio. Primero un utopismo delirante insoportable. ¿Quién no sabe que la música no puede prescindir del ritmo? Y esa negación me molesta, porque lo que yo más disfruto, en la vida y en la literatura, son los ritmos. El ritmo vertiginoso de algunos libros de Stephen King, el ritmo pausado de los cuentos de Carver o de Cheever, el ritmo de la música coloquial de Puig, el dos por cuatro del tango, el bombo en negra en las discos. Y la armonía, qué sé yo, me parece algo menor. Una vida o una novela armoniosa, en general, me provocan desconfianza.

Te molesta el tema del ritmo relajado en la obra de Macedonio...

No creo que importe tanto si un ritmo es suave o violento, lo que importa es que sea sostenido, porque eso es lo que lo hace visible. Un rito desregulado deja enseguida de ser ritmo. No estoy haciendo una apología del vértigo. Pero es obvio que a Macedonio le interesaba más el “pensamiento”, la filosofía, la metafísica. Y a mí eso no me importa. A él no le interesaba publicar en forma sostenida, entrar en dialogo con una masa de lectores importante. Tenía una política de publicación romántica, una relación con el mercado completamente negada, el lugar de la mujer, siempre ausente, idealizado. Qué sé to... Habría que discutirlo e investigarlo pero para mí la idea de política anarquista, romántica y torpe que sostenía era una heredera directa de la burguesía roquista y del bienestar de los años veinte.

Sin embargo, creo que no se puede negar por completo su obra...

No, por supuesto. Macedonio, más allá de si era su intención o no, generó grandes historias. Borges y Piglia cuentan anécdotas muy lindas sobre él, lo utilizan como un personaje literario perfecto, y eso motiva mucho. Pero cuando uno lo va a leer... Es imposible no decepcionarse un poco. Yo prefiero leer las lecturas que Borges y Piglia hacen de Macedonio, antes que la obra de Macedonio. Y antes que las de Borges, prefiero las de Piglia. Esto quiere decir que Piglia es el que me interesa, y no Macedonio. Lo mismo me pasa con otros escritores importantes de la modernidad, como Joyce. Me encanta todo lo que envuelve biográficamente a Joyce y a su obra, incluso leo con placer los trabajos críticos que se escribieron sobre él, pero no me interesa tanto su obra. ¿Es raro? Puede ser, pero es así.

Lo que estás queriendo decir es que no negás su importancia, pero no disfrutás sus obras...

Sí, puede ser. A mí me gusta la novela como género, incluso las más clásicas en su forma. Tercera persona, dos o tres rasgos fuertes para la psicología de los personajes, realismo, impresionismo, estilo libre indirecto... Y antes de leer a Macedonio, prefiero leer Raucho de Güiraldes y hasta Don segundo sobra, que, puta, no son novelas tan malas, más bien todo lo contrario. Son, por supuesto, una sarta de idealizaciones y prejuicios, pero a nivel novelístico, están muy bien.


Posted by: Juan Terranova on Jan 22, 04 | 2:55 pm