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2015/03/26 · La Calumnia Cultural

Cinco ideas sobre la 3ª temporada de la serie House of Cards

[Imagen no recuperada: ddd]Paulo Ricci analizó en la “Calumnia cultural” los 13 capítulos que ofreció en febrero la plataforma de contenidos Neflix. “La serie honra lo mejor de la mirada shakesperiana de la política; la inteligencia sin escrúpulos puesta al servicio de un objetivo político”, subrayó. Lo pedís, lo tenés
Desde su nacimiento, uno de los grandes aciertos y de las ventajas comparativas de HOC por sobre otras series fue su modalidad de entrega: las temporadas completas disponibles para los usuarios en una misma fecha. Eso, que fuera uno de sus puntales y herramientas más características, luego de tres temporadas completas puede volverse en su contra al impedir controlar el pulso y la respuesta de sus espectadores más fieles. De todas formas hay que reconocer una vez más que el formato de producción –original pero ya convertido en modelo de negocios- sigue apostando por el desarrollo completo de un arco argumental (una trama cuyo final ya está escrito, filmado y editado incluso antes del lanzamiento de la temporada) constituye uno de sus principales riesgos y aciertos narrativos. El modelo es, una vez más, el de las grandes novelas decimonónicas con la complejidad de subtramas y personajes colaterales que enriquecen el relato.

2- Comfortablemente adormecido
Luego de dos temporadas vertiginosas (las que originalmente estaban previstas al momento de comenzar el rodaje de la serie) en las que el objetivo a alcanzar es tan grande y tan jugoso que permite que toda la trama y las argucias maquiavélicas de las que se valen sus protagonistas aparece finalmente alcanzado, el desafío más grande de esta nueva y agregada 3ra temporada es del mantener la atención –y la tensión- del relato dramático. Pero sin embargo un comienzo imprevisto en la que Frank Underwood ya es, finalmente, el presidente de los EE.UU pero una vez en el cenit de su carrera política parece haber perdido el olfato y las garras que lo llevaron hasta allí valiéndose de sí mismo (lo que significa de su propia ambición y de su astucia). El mérito, tal vez no suficientemente explotado, es que sus principales rivales pueden ser aquellos subalternos a los que luego de haberlos utilizado como escalones imprescindibles para llegar a la cima del poder han sido relegados a un segundo plano. El principal error es olvidar que su batalla personal por el poder comenzó cuando él mismo fue víctima de ese desdén, allí comenzó todo.

3- Simpatía por el demonio
Es una máxima de las películas clásicas (sobre todo las de James Bond) medir el valor de una trama por la complejidad y el atractivo de los villanos con los que se encuentran sus protagonistas. Lejos de encarnar versiones maniqueas del bien y el mal, en esta temporada Frank Underwood y Viktor Petrov (Lars Mikkelsen, “Borgen”) conforman una dupla digna de un gran thriller político. Sobre todo porque en el presidente ruso, Frank puede vislumbrar la misma ambición de poder y el cinismo que lo define, con el beneficio de tres mandatos y una oposición inexistente, lo que en el sistema político bipartidista en el que se tiene que mover HOC resulta casi una quimera (no por eso no deseada por su protagonista). Lo mejor del personaje de Petrov, que con sus apariciones y con las tres o cuatro escena en las que comparten una misma habitación con Underwood alcanza a convertirse en el “villano preferido” de la tercera temporada, es que se atreve a tanto, e incluso a más, que el propio Francis.

4- Roxanne

Algunas de las hilachas sin cortar de las temporadas anteriores, sobre todo las que tienen que ver con el extinto legislador Peter Russo y ese gran segundo personaje que es Doug Stamper, aparecen y desaparecen del relato de la temporada, tal vez para ocupar demasiado espacio en dos de sus capítulos más importantes (nada menos que el primero y el último) pero resolviendo demasiadas cosas en pocas escenas, lo que les quita el desarrollo dramático que tal vez deberían tener. La indefinición sobre si esa historia valía la pena ser narrada, contrastada con su centralidad en el último capítulo de la temporada en la que todo se resuelve de forma un poco abrupta, tal vez sea uno de los puntos negativos de esta 3ra entrega.

5- El amor después del amor
Desde el comienzo, con los pequeños rituales conyugales de una pareja que no necesariamente se ha sostenido en los 30 años repetidos tal vez demasiado en esta temporada, pudimos intuir que la serie se trataba sin dudas sobre el poder, sobre la política, pero también sobre esa compleja sociedad casi indivisible que constituyen Frank y Claire. Las pistas de que algo se ha venido resquebrajando en la aparentemente indestructible estructura de este binomio social, político y de poder, comienzan a ser más ostensibles cuando más expuestos (¿qué mayor exposición que las que la archiconocida Casa Blanca y su salón oval les guardan a sus huéspedes?) están diseminadas durante toda la temporada, pero tal vez alcancen su punto de mayor belleza y “poética” (el calificativo se lo debo a mi querido amigo Matías Galimberti) en el capítulo en el que un grupo de monjes tibetanos realiza en los salones de la Casa Blanca una obra que requiere una paciencia infinita. La relación con el tiempo y con el entorno de cada uno de los dos integrantes de la pareja protagónica queda allí puesta en mayor evidencia, y aunque el centro narrativo del capítulo transite por otros asuntos, la forma que ambos tienen de relacionarse con ese pequeño acontecimiento que transcurre ante sus ojos ya define su distancia. De todos modos, lo que también pone en el centro de la escena para el análisis el guion de HOC es que el amor, después del amor, puede ser una sociedad mucho más compleja y al mismo tiempo más blindada que la que los sentimientos pueden garantizar: la razón manda.

Audio no recuperado.