Contra el mito
Peter C. Gøtzsche y un libro imprescindible para no caer en las fakenews
Francisco Salmerón
Peter C. Gøtzsche nació en Næstved (Dinamarca), en 1949. Es especialista e investigador en medicina interna, trabajó en ensayos clínicos y asuntos regulatorios en la industria farmacéutica de 1975 a 1983 y en hospitales de Copenhague de 1984 a 1995. Posee una amplia e impresionante trayectoria como científico. Ha firmado más de setenta y cinco artículos en revistas de prestigio (British Medical Journal, Lancet, Journal of the American Medical Association, Annals of Internal Medicine y New England Journal of Medicine), y sus trabajos son profusamente citados. Algunos de los libros que ha escrito, como Medicamentos que matan y crimen organizado. Cómo las grandes farmacéuticas han corrompido el sistema de salud (2013) o Cómo sobrevivir en un mundo sobremedicado. Busca la evidencia por ti mismo (2019), describen bien los caminos que ha transitado.
Vacunas. Verdades, mentiras y controversias (Capitán Swing) analiza las evidencias y los posicionamientos frente a las vacunas en un contexto realista, teniendo en cuenta no solo el desarrollo científico, sino también los inevitables intereses comerciales, que pueden sobrepasar las barreras de la verdad científica y de la ética de la sociedad actual. Por ello resulta crucial asegurar la independencia de los comités.
Todo esto ocurre en una sociedad que está regada por mucha información no contrastada que circula a toda velocidad en internet. Hay de todo, incluida mucha información que busca calificar como «antivacunas» a cualquiera que ose criticar los aspectos más dudosos en el manejo de las mismas. Por ello, y para salvaguardar la imagen del autor, me gustaría citar aquí un párrafo de su libro: «Las vacunas son otra historia totalmente distinta. Se trata de compuestos muy específicos dirigidos hacia un microorganismo concreto, solo deben administrarse unas cuantas veces, ofrecen muchos años de protección o hasta inmunidad de por vida, y es raro que presenten efectos secundarios graves. Además, suele ser considerablemente más barato vacunarse que medicarse».
No parecen las ideas de un peligroso antivacunas. Dicho esto, a Gøtzsche no le gusta el término antivacunas y suele utilizar la palabra inglesa deniers, que podríamos traducir como «negacionista» y que será la que utilizaré en adelante. En general, trabaja sobre la revisión de informaciones publicadas.
Inevitablemente, estas informaciones pueden tener deficiencias o prestarse a interpretaciones particulares, por lo que, siempre que puede, en los temas más importantes prefiere analizar los informes clínicos originales. Pero incluso esa medida prudente y de alta exigencia va a depender de decisiones ya tomadas por otros. Yo mismo, en mi experiencia profesional, fui testigo de un incidente con la vacuna contra el PVH que atestigua este hecho: parecía que se había generado un daño posvacunal, pero, gracias a la fortuna de poder contar con un excelente especialista en el tipo de cuadros presentado, se pudo clasificar la reacción como lo que era: un síndrome de conversión.
Todo el libro este recorrido por la desconfianza de que algunos aspectos están envueltos en decisiones tomadas al calor de intereses y de presiones, y a lo largo del mismo se analizan varios incidentes que se describen con detalle y con suficiente grado de verosimilitud. Hay críticas a algunas decisiones que se han tomado a nivel de la EMA (Agencia Europea de Medicamentos), de la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos), de los CDC (Centros para el Control y Prevención de Enfermedades) e incluso de la Organización Mundial de la Salud. En algunos casos puede tratarse de equivocaciones, pero en otros el autor opina que responden a posicionamientos influidos por los intereses de la industria, que ejerce sobre los citados organismos una constante presión. Por lo que yo conozco, en el caso de la EMA mi impresión es que, si bien puede haber presión, no llega a haber influencia, aunque la EMA, como cualquier persona o institución, puede errar en su juicio. Dicho esto, en el caso de las vacunas inactivadas, y en especial referido al PVH, se apunta a que en los ensayos clínicos no se utilizó el placebo adecuado (por ejemplo, solución salina), empleándose una vacuna o la suspensión de adyuvante de la vacuna. El autor reclama una garantía de que no se ha producido, por esta vía, una reducción de los efectos adversos más severos, quedando de algún modo enmascarados por los que generan los excipientes. Este no es un tema fácil, pero la argumentación que utiliza es consistente y por lo tanto no debe ser ignorada. Entiendo que, en general, esta circunstancia no debería afectar al análisis riesgo- beneficio, especialmente en relación con el PVH. Sin embargo, en el caso concreto de su uso en situaciones en que la enfermedad no tiene una tasa de ataque alta, y en las que por tanto el número de daños severos evitados por la vacuna es pequeño, sí podría generar una afectación del equilibrio riesgo-beneficio. El tema, en cualquier caso, conviene ser estudiado sin lanzar mensajes precipitados en una dirección u otra a los ciudadanos. Las señales existen, pero no son determinantes, y si no se manejan con cuidado, pueden generar una reducción de las tasas de vacunación, lo cual no obsta para que se siga investigando al respecto.
El autor se manifiesta abiertamente contrario a la vacunación frente a la gripe. En este punto debo reconocer que el hecho de que yo iniciara mi actividad profesional produciendo vacuna de la gripe en el Centro Nacional de Microbiología de Majadahonda (Madrid) hace que mantenga una relación especial con esta vacuna y que no pueda valorarla con el suficiente equilibrio. Es cierto que su carácter temporal obliga a suspender su producción durante largos periodos, y que cuando esta se reanuda genera una actividad desbordante. Sin embargo, no habiendo antivirales específicos de gran nivel, la vacuna es lo único de lo que disponemos, al margen de algunos consejos para dificultar individualmente la infección.
El autor se manifiesta abiertamente contrario a la vacunación frente a la gripe. En este punto debo reconocer que el hecho de que yo iniciara mi actividad profesional produciendo vacuna de la gripe en el Centro Nacional de Microbiología de Majadahonda (Madrid) hace que mantenga una relación especial con esta vacuna y que no pueda valorarla con el suficiente equilibrio. Es cierto que su carácter temporal obliga a suspender su producción durante largos periodos, y que cuando esta se reanuda genera una actividad desbordante. Sin embargo, no habiendo antivirales específicos de gran nivel, la vacuna es lo único de lo que disponemos, al margen de algunos consejos para dificultar individualmente la infección.
Al inicio de mi carrera, alterné el trabajo en la vacuna de la gripe con la investigación sobre el virus de la polio (con el tiempo pasaría a dirigir el laboratorio de serología de enterovirus), pues en aquella época todavía había casos de polio en España. Debido a esta última actividad, me midieron los anticuerpos de los tres tipos de virus de la polio y se constató que tenía anticuerpos fruto de la infección natural y por lo tanto estaba protegido para siempre. En el caso de la gripe, por el contrario, una persona puede infectarse sucesivamente; por ello no es fácil producir una vacuna a semejanza de las otras. En definitiva, podemos decir que la vacuna de la gripe es peculiar.
Desde el punto de vista de la experimentación clínica, el hecho de que las cepas cambien cada año obliga a manejar la vacuna de un modo distinto. Incluso los estudios de seguridad pueden verse afectados con el cambio de la cepa. Todas las dudas que se exponen en el libro sobre la bondad de los estudios realizados al respecto proceden de esta situación particular. Nunca un ensayo clínico será definitorio, ya que otra cepa, en otra temporada, puede hacer que los resultados varíen. Hay datos que indican que la vacuna funciona con una baja eficacia. En general, hay más protección frente a gripes comunes que frente a gripes severas o con internamiento en hospital. Quizá los mejores y más fiables estudios se han hecho con mujeres embarazadas y niños. No obstante, en una situación límite, con una cepa muy virulenta, una pequeña ayuda puede ser muy importante. Teniendo en cuenta lo que significó la «gripe española», cualquier movimiento debe hacerse con prudencia. Probablemente la vacuna de la gripe siempre será imperfecta; no obstante, a día de hoy, no estamos en condiciones de prescindir de ella.
Salvo que alguien dé con una vía original, habrá que seguir investigando en nuevos antivirales. Lo que no es posible, o resulta muy difícil, es improvisar una producción en una situación límite sin que haya previamente una infraestructura ya rodada.
En mi opinión, este libro tiene interés para los especialistas en vacunas, los farmacólogos clínicos, el personal regulatorio y clínico y los que trabajan en diversas actividades asociadas a la salud pública. Al personal clínico que pueda tener pacientes «negacionistas» le recomiendo leer con detenimiento el capítulo 1, y en especial el apartado sobre «Muertes y otros daños graves con y sin vacunas», donde encontrará una información muy ajustada. La lectura de este apartado también es en mi opinión muy conveniente para aquellos particulares que, habiendo leído sobre intervenciones muy agresivas y extremas en internet, quieran conocer la opinión contrastada de una persona que, además de tener profundos conocimientos, ha demostrado a través de su historia personal que no se pliega a las influencias de la industria. Tal como está escrita, esta parte resultará fácil de leer para el público en general.
Gøtzsche toca también un tema de moda, la obligatoriedad de las vacunas, posicionándose claramente en el grupo de los que piensan que no se debe forzar la vacunación con multas o prohibiciones de acceder a los colegios. Otra cosa es que en un determinado lugar, frente a un problema muy especial y por un tiempo igualmente concreto, pueda ejercerse presión para conseguir la vacunación. Este tema es tratado en el libro de acuerdo con criterios éticos. Lo que está claro es que, aun respaldando las opiniones del autor, se puede llegar a convencer a los reacios a las vacunas, pero para ello hay que hacer llegar la información adecuada a zonas donde sus habitantes viven de algún modo segregados o donde, por diversos motivos, no alcanzan a disfrutar de las ventajas que debe ofrecer una sociedad bien organizada. En la parte final del libro, Peter C. Gøtzsche repasa la situación de las vacunas que se utilizan en los calendarios de vacunación. En su país, Dinamarca, los calendarios no incluyen en general tantas vacunas como en los Estados Unidos, pero comenta que ha habido numerosas presiones para incluir la vacuna del rotavirus, que no se introdujo debido fundamentalmente a que en el país no existe mortalidad por esa infección. La vacuna del rotavirus sería de gran utilidad, por ejemplo, en Afganistán, donde por el precio de una vacuna en Dinamarca se podría vacunar a doce personas.
Por último, sólo me queda insistir en que resultará de interés para un amplio espectro de profesionales ligados a la salud pública, pero también —especialmente algunos capítulos— para el público en general. Para lectores más especializados, recomiendo prestar especial atención a la extraordinaria bibliografía que aporta. También para los altos directivos de la industria Vacunas. Verdades, mentiras y controversias ofrece una enseñanza: es más fácil comprar la opinión de un deshonesto que intentar quebrar el alma de una persona honorable. Y para todos los lectores, un mensaje hecho de metralla y purpurina: “Nunca tengas miedo a no lograrlo. Ten miedo, mucho miedo / a no llegar a intentarlo”.
WhR - Cuaderno Waldhuter